Escenas de un crítico sobreestimado
 
   
 

Es por lo menos sorprendente leer la nota de un crítico cinematográfico tan reconocido como Jonathan Rosenbaum acerca de la obra de Ingmar Bergman, luego de su fallecimiento el 30 de julio de 2007.

Es necesario hacer un breve comentario sobre algo curioso, antes de centrarnos en dos ejes. Dice Rosenbaum que lo que Bergman tenía, y que les faltaba a Carl Dreyer y Robert Bresson, era el poder de entretener. Lo que de acuerdo al mismo Sr. Rosenbaum, a menudo significaba una reticencia a desafiar los hábitos convencionales de hacer cine.

Es por lo menos dudoso afirmar que Bergman se haya limitado a seguir solamente los hábitos convencionales de hacer cine. Por el contrario, se podría pensar que en la mayor parte de su filmografía –la más importante- desafía abiertamente los modos convencionales de la narración cinematográfica pre-existente. Primerísimos planos de más de 2 minutos y diálogos que dejan permanentemente abierta la posibilidad de que el espectador tenga que tomar partido no pueden ser considerados como clásicos del quehacer cinematográfico. Sin mencionar la contradicción en la que incurre el Sr. Rosenbaum cuando en el final de la nota dice que no se puede poner en duda en Bergman la maestría del uso de extendidos primeros planos o cine distintivamente teatral para sugerir que las películas pueden ofrecer algo más complejo y desafiante. Pareciera entonces que el Sr. Rosenbaum critica que el cine pueda ser un medio para entretener a la audiencia. Si Ingmar Bergman lo hizo, gracias Bergman.


Jonathan Rosenbaum

El primer aspecto importante de la nota es cuando afirma que la obra de Bergman no está siendo enseñada en cursos de cine como sí las obras de Alfred Hitchcock, Orson Welles y Jean-Luc Godard. Aquí donde su necesidad de criticar a Ingmar Bergman comienza a hacer agua por todos los costados. La pregunta que habría que hacerle al Sr. Rosenbaum es por qué tampoco las obras –entre otros- de Howard Hawks, Yasujiro Ozu y Jacques Rivette tampoco son enseñadas como las que él mencionó. Más llamativo aún cuando el Sr. Rosenbaum editó una compilación llamada “Rivette: Texts and Interviews”, dedicada a Jacques Rivette. Y que en algún momento ha dado conferencias en Japón sobre el cine de Ozu.

Sin negar la necesidad de que se enseñen las obras de Hitchcock, Welles y Godard, es llamativo entonces que los otros directores nombrados tampoco se ofrezcan de la misma manera en los cursos de cine. Habría que pensar hasta qué punto eso no dice algo de la pobreza cinematográfica que se está viendo en los últimos 20 años, con raras excepciones. Pero el desarrrollo de este tema tendría que ser parte de otra nota.

El segundo aspecto y quizás más importante que el anterior es cuando el Sr Rosenbaum dice que si la Nouvelle Vague se dirigía a un nuevo mundo contemporáneo, el talento de Bergman estaba principalmente dedicado a preservar y perpetuar el antiguo. Por lo menos le reconoce talento.

Una afirmación de este tipo, sin aclarar qué es el nuevo y el antiguo mundo a los que se está refiriendo, es dar por supuesto demasiadas cosas que quedan solamente en la cabeza del Sr. Rosenbaum. Y por lo tanto de multiplicidad de opiniones sin tener ninguna base firme.

¿Qué significa “dirigirse a un nuevo mundo contemporáneo”? ¿Cómo se dirigen? ¿Hay propósitos manifiestos? ¿En la forma? ¿En los contenidos? ¿En ambos? Y podríamos seguir con infinidad de preguntas, aunque con las anteriores bastan para visualizar lo endeble del argumento. Según el Sr. Rosenbaum entonces, Bergman puso todo su talento para preservar y perpetuar el mundo antiguo.

¿Qué es el mundo antiguo? Señalemos algunas posibilidades.

Incomunicación entre los seres humanos. Conflictos entre padres e hijos. Conocimiento de la mortalidad del ser individual. Angustia existencial frente a la misma. Conflictos en toda la estructura familiar. Intentos de resolverlos. Fracasos. Nuevos intentos. Y finalmente, entender que la salvación del hombre frente a estos problemas sólo puede provenir del amor y del poder comunicarse abiertamente con sus semejantes. Todas las disquisiciones de los críticos con respecto a la trilogía que componen “Detrás de un vidrio oscuro”, “Luz de Invierno” y “El Silencio” se basaron en la ausencia o presencia de Dios. Humildemente creo que en realidad se entienden mejor si se las ve desde la perspectiva de pensar en la capacidad que los hombres tengan para sentir y poder amar. ¿o no es eso lo que significa que el pastor inicie el servicio en una capilla vacía en el final de “Luz de Invierno”?

Quedará para otra nota desarrollar en profundidad este tema. Señalamos solamente que si ese es el mundo antiguo, nos quedamos allí.





[1] Jonathan Rosenbaum (ed.), Rivette: Texts and Interviews, Londres, British Film Institute, 1977.
 
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Publicación: 01/01/2008
 
 
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Ingmar Bergman
 

Director, guionista y escritor sueco, realizador tanto de cine, teatro y radio. Reconocido internacionalmente como uno de los mayores genios de la historia del cine.

Nació el 14 de julio de 1918 en Uppsala, localidad a 70 kilómetros al norte de Estocolmo. Su padre fue un pastor protestante del que recibió un estricta educación que marcó su vida y obra, caracterizada esta por la inclusión de connotaciones metafísicas y un universo de problemas humanos fundamentales, como la incomunicación de la pareja, la soledad, Dios o la muerte.

Aunque reconocido mundialmente por su condición de cineasta, con 54 obras en su haber, sin embargo se desempeñó además como director teatral, realizando 126 producciones teatrales y 39 trabajos para la radio.

Si bien su debut cinematográfico fue con el largometraje “Crisis” (1945), su fama tomó notoriedad mundial gracias a "Sonrisas de una noche de verano" y principalmente a “El Séptimo Sello” (1957). Otras de sus obras maestras son “Persona” (1966), “Gritos y susurros” (1972), “Escenas de la vida conyugal” (1974), “Sonata de otoño” (1978) o “Fanny y Alexander” (1982). Su último largometraje fue “Saraband” (2004), con el cual anunció su retiro definitivo.

El público argentino tuvo el lujo de haber conocido la obra de Bergman bastante antes que el resto del mundo, gracias a la apasionada gestión del distribuidor Néstor Gaffet y el crítico Homero Alsina Thevenet.

Murió el 30 de julio de 2007 en su residencia en Fårö, dejando al mundo del cine con un gran dolor.


 
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