El miedo, la angustia y el pánico
generalizado que provocaron las corridas el viernes a la noche en el Personal
Fest 2007 son sentimientos y acciones muchas veces imposibles de evitar.
Pero ignorar un hecho, por más pequeño que sea, es una decisión conciente de
personas que analizan cómo manejar la información y prefieren ocultar lo que
pasa. Aquí, la crónica de lo que fue y no se dijo.
Según el horario que las pantallas
gigantes anunciaban, el set de Snoop Dog estaba casi una hora y media atrasado.
La gente, cansada de esperar, estaba sentada en el campo de rugby del Club
Ciudad de Buenos Aires debatiendo entre irse o seguir en esa cadena de bostezos
en que se había convertido la espera.
Fue pasada la una de la madrugada cuando
las pelucas azules y fucsias, consigna de la máquina publicitaria que auspició
el festival, se empezaron a mover más rápido. Desde el piso parecía que se
acercaban hacia el escenario. Sin embargo los escépticos, cansados de
levantarse cada vez que los músicos del rapero subían a las tablas y luego sentarse
cuando bajaban, prefirieron no moverse hasta escuchar la música.
Pero lo inevitable sucedió. A los pocos
que caminaban rápido se sumaron cientos de personas que empezaron a correr en
dirección de los que estaban en el suelo, adelante, sobre la derecha del campo.
Y entre la incertidumbre y el miedo que se comenzó a contagiar como lo habían
hecho los bostezos, empezaron las estampidas cual animales en la sabana
africana.
Afortunados fueron los que pudieron
pararse a tiempo y salir del camino que seguía la multitud, pero muchos otros
resultaron envueltos por pies que no esquivaban ni mujeres, ni hombres, ni
niños. "No escuché gritos, sólo el ruido que hacen los animales cuando
corren. Como en las películas", dijo María Luján, que había venido a la Capital desde Salta para presenciar la gran noche del hip hop. En cambio Gabriela, su amiga,
sí escuchó gritos y también rumores. "Alguien dijo que habían sacado un
arma, otros que habían escuchado tres tiros. Yo no escuché nada, pero traté de
moverme de donde estaba y no correr", contó.
A los mayores la estampida les trajo a la
mente las imágenes de la avalancha en la entrada del recital de The Who, el 3
de diciembre de 1979 en el Riverfront Coliseum de Cincinatti. Ese día murieron
once chicos aplastados. Pero en lo que la mayoría pensó fue en la tragedia de
Cromagnon. Las imágenes del 30 de diciembre de 2004 parecieron materializarse
cuando una voz de hombre que venía del costado del escenario, detrás de las
vallas de seguridad, gritó "cierren las puertas para que no salgan".
Y la gente corrió aún más.
Mucha teoría hay en el área de la
comunicación y de la psicología sobre el llamado "efecto de masa".
Pero ni los libros ni el sentido común pueden prevenir que en una situación de
pánico la gente corra. Sin embargo, para quienes organizan eventos como el que
congregó a 25 mil personas el viernes pasado, es deber pensar en que este tipo
de cosas pueden ocurrir. Parte de planificarlo es analizar las situaciones
posibles y la estrategia de comunicación a seguir en caso de que efectivamente
algo así sucediera. Si hubo planificación, entonces dejó mucho que desear.
Los medios tampoco comunicaron lo
que estaba pasando. Ni la radio, ni el famoso "último momento" de la
televisión informaron de las corridas y del pánico colectivo que se vivió en el Personal Fest. Los sitios on line de revistas y diarios
minimizaron el hecho. Muchos de los que estuvieron esa noche se enteraron
recién hoy que la causa del caos fue una pelea con un arma blanca.
No "se produjo un incidente entre un
grupo reducido de personas", ni la situación fue "rápidamente
controlada", como anunció el comunicado oficial que Pop Art sacó al
día siguiente y que la prensa en general, salvo algunas excepciones, levantó
sin chequear .
Tampoco fue la "normalidad" lo
que primó en el recital de Snoop Dog. De los 25 mil asistentes, miles se fueron
a sus casas todavía conmocionados por la situación, y muchos otros volvieron a entrar
al predio. Para agregarle dramatismo e ironía a la noche, el sonido que el
rapper utilizó como separador entre canción y canción fue el ruido de un arma
cargándose.
Era evitable que alguien entre con armas
al predio, pero también que los guardias de seguridad asusten a la gente como
el león espanta a los ciervos que huyen en manada. Trataron de atrapar al
agresor y provocaron pánico. Miles de personas terminaron escapando sin saber
de qué, y los que sabían, responsables de informar, decidieron callar.