Cine
 
LA FIESTA INTERMINABLE, de Michael Winterbottom  
 
El Madchester que no miramos
 
   
 

Existe un tipo de películas, desde "Quadrophenia" a "Velvet Goldmine", de difícil categorización genérica y disímil recepción en el público. Son aquellos que a muchos aburren por dejarlos a un costado desde la misma temática, mientras que a muchos otros apasionan por la misma razón. Son films donde no se habla de música de películas, sino de películas de música. Parecen seguir una estructura casi idéntica: la reconstrucción de una parte de la historia del rock en un momento y un espacio determinados, desde el punto de vista de un personaje ajeno a los músicos en forma directa, o quizás inexistente en los sucesos reales: el fanático. Aquel personaje que permanece anónimo en cualquier parte de la historia de la música, pero que sin embargo culmina siendo el verdadero y más apasionado conductor de la misma. Es este personaje, siendo el periodista o el groupie sus formas de representación más habituales, el que permite aquella conexión tan especial con el tipo de espectador que se entusiasma; aquel a quien le brillan los ojos y mantiene una sonrisa resplandeciente, aún cuando no hay nada por lo que sonreír. Es la identificación entre espectador y personaje: el espectador es ese mismo fanático anónimo.

"24 Hour Party People" ocupa ahora un lugar importante en ese grupo de películas. El fanático de la historia es Tony Wilson, periodista televisivo que participó de la movida de Madchester que tuvo lugar a fines de la década del '70, extendiéndose hasta principio de los '90s. Entre otras cosas, Wilson fue el responsable del descubrimiento de Joy Division, el fundador de Factory Records y el creador de The Hacienda, el espacio físico de ese sello, entre otras cosas. Este Wilson parece un personaje de enorme prestancia y credibilidad, pero en verdad es un pobre desgraciado que, defendiendo a rajatabla la moral del artista, no firmó jamás un solo contrato de derechos de autor. Factory Records era dueño de nada. "Me protegí a mi mismo de tener que estar alguna vez en el dilema de tener que venderme, teniendo nada que vender", argumenta.

Muchos de los hechos representados en la película no coinciden necesariamente con la realidad. Se trata de un falso documental, que parece ampararse más en la leyenda que en la verdadera realidad, creando una ficción alejada de los hechos efectivos. Corre detrás del mito sin ocultar sus intenciones y, sin embargo, logra exponer las sensaciones verdaderas que surgían sobre el punk, sobre el sello y el club, y, aún más, sobre una ciudad, degradada y oscura donde la alienación era el único escape posible, que ha sido transformada desde el rock hacia todos sus niveles culturales.

Por eso no importa si aquella mítica actuación de los Sex Pistols el 4 de julio de 1976 en el Lesser Free Hall de Manchester fue frente a 27 o 42 personas, o incluso ante un estadio completo ("No éramos muchos, es cierto, pero tampoco había mucha gente en La última Cena", se inmortaliza para siempre Tony Wilson). Desde la puesta en escena, Winterbottom confirma que no importa la veracidad de estos hechos, reconstruyendo así el momento tanto con partes del verdadero recital de los Pistols filmadas en Super 8, como con la presencia ficticia del público mítico, con Tony Wilson, Howard Devoto, los próximos Buzzcocks, y hasta incluso el mismo Mick Hucknall, el más tarde Simple Red. Todo ello, además, narrado a cámara por el propio Wilson, quien a lo largo de toda la película asumirá concientemente que él está siendo parte de un film y no de la realidad (de alguna forma como el personaje de John Cusack en "High Fidelity").

La película expone exclusivamente con Joy Division y Happy Mondays dos ejemplos del movimiento que transformó a Manchester en uno de los espacios más importantes de la historia del rock, clave en las décadas de los 80's y 90's. Quizás muchos renieguen que los grandes ausentes para explicar el porque de Manchester sean The Smiths (que sólo serán mencionados para que Wilson se lamente no haberlos tenido en su sello, en un extravagante encuentro entre Wilson y Dios (!) en una terraza), o que la figura de Shaun Ryder se haya mistificado en exceso (¿poeta?). Pero a esta altura, lo real es lo que menos importa para que, ficticios o verdaderos, sean las anécdotas y sus protagonistas quienes maravillen.

Pocos podrán discutir, en cambio, sobre la interpretación de Ian Curtis, llevada a cabo por Sean Harris, quien le imprime una emoción nostálgica y diáfana al personaje, manteniendo el respeto y la solemnidad que Curtis merece.

"24 Hour Party People" es una encantadora película sobre el rock y sus historietas, que se instala dentro del grupo de obras que nos hacen sonreír.

 
24 Hour Party People
 
 
Reino Unido/Francia/Holanda, 2002, 117 minutos.
 
     
Dirección: Michael Winterbottom.
Guión: Frank Cottrell Boyce.
Director de Fotografía: Robby Müller.
Montaje: Trevor Waite, Michael Winterbottom.
Música (supervisor): Liz Gallagher.
Dirección de Arte: David Bryan, Paul Crips.
Dirección de Vestuario: Stephen Noble, Natalie Ward.
Producción: Mark Tildesly
Compañías Productoras: Baby Cow Productions Ltd., Channel Four Films, Film Council, Revolution Films, WAVEpictures
Intérpretes: Steve Coogan (Tony Wilson), Shirley Henderson (Lindsay Wilson), Martin 0Hancock (Howard De Voto), John Simm (Bernard Summer), Danny Cunningham (Shaun Ryder), Sean Harris (Ian Curtis), Mani (Sound Engineer), Tony Wilson (Granada TV Studio Director), Keith Allen (Roger Ames), Paul Ryder (Pel), Shaun Ryder (Ryder's father).
Festivales/Premios: Sección Oficial Festival Cannes 2002. Presentada en el Festival de Mar del Plata, Sección Punto de Vista. Presentada en el Buenos Aires V Festival Internacional de Cine Independiente 2003, Sección Tarde o Temprano.

Distribuidora: Compañía General de la Imagen
Estreno Buenos Aires: 2 de diciembre de 2004
 
     
Publicación: Mayo 2003
 
 
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Michael Winterbottom


 
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