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BABEL, de Alejandro González Iñárritu |
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“Mucha gente considera de
mala educación hablar con la boca llena, pero no le importa hablar con la
cabeza hueca”
(Orson Welles)
¿Por dónde empezar a analizar una película como “Babel”?
¿Por su propuesta formal: una fotografía prolija como en los mejores
documentales de la National Geographic, una banda de sonido compuesta con
vaya-uno-a-saber-qué-instrumento que Santaolalla encontró para conectar tres
continentes, y una innumerable cantidad de subjetivas en la que una sordomuda
baila extasiada dentro de un boliche mientras nosotros en las butacas vemos
pero no escuchamos la música que pasa el DJ de turno (¡claro, es sorda!)? ¿O
por su propuesta narrativa: cuatro historias que ocurren en diferentes lugares,
en diferentes culturas, con diferentes personajes, cada una de las cuales
podría resultar interesante si se mostrara con un mínimo nivel de hondura, pero
que la indiferencia de un realizador haragán sólo lo llevó a buscar alguna
forma de conectarlas –por cierto, de una inverosimilitud pocas veces vista- en
un montaje vertiginoso más digno de una buena telenovela que de una obra
cinematográfica?
“Babel”, se dijo,
cierra una trilogía iniciada con “Amores Perros”, y seguida por la
malograda “21 Gramos”. En las tres se cuentan relatos paralelos que
alguna fuerza oculta hace que se crucen. En el caso de “Amores Perros” ayudaba
cierta originalidad y el uso de una fotografía granulada en toda la cinta como
forma estética de describir la marginalidad en los suburbios aztecas. En “Babel”
esto no existe. Marruecos podría ser Mongolia, Afganistán o Bolivia; la
problemática de los infiltrados mexicanos en EE.UU. se muestra con la misma
complejidad que la tabla del dos; y el encadenamiento de las acciones resulta
tan forzado como sacarle punta a un lápiz con una cuchara. Vean: el padre de la
sordomuda japonesa le regala en una excursión por Marruecos a quien fue su guía
un rifle que luego éste vende a un hombre que se lo presta a sus hijos, los que
probando puntería desde arriba de una montaña disparan contra un micro a medio
kilómetro hiriendo a una turista estadounidense. Uno llega a preguntarse si el
esfuerzo en construir y justificar un guión tan retorcido no podría haberse
utilizado en tapar alguna de todas las grietas que se ven en las casi dos horas
y media que dura el film.
Además de esta idea
ramplona de algo que podría llamarse “globalización”, la elección de algunos
actores es cuanto menos llamativa, especialmente la de García Bernal,
quien era creíble haciendo de mexicano tosco y de buenos sentimientos en “Amores
Perros”, pero ya no lo es en “Babel”. Extraña pretensión de detener el tiempo
sin tener en cuenta que entre un film y otro su popularidad trascendió
fronteras, interpretó papeles diferentes (¡Almodóvar lo disfrazó de Sara
Montiel!) y a esta altura se lo asocia más como un sex symbol que como
un proletario que vive de fiesta. El papel es tan pequeño que un aceptable
casting habría arrojado sin grandes esfuerzos una mejor opción. Aunque, por
supuesto, con diferente resultado de taquilla. Otro elemento turbulento es ya
un clásico en este tipo de producciones que intentan hacer “denuncia”
subrayando e imponiendo todo el tiempo un único punto de vista (con lo cual se
está haciendo lo mismo que se denuncia, en una evidente contradicción): cuando
se quiere mostrar el conflicto entre estadounidenses y mexicanos, los primeros
siempre son rubios, prolijos y limpitos; los segundos, rudos, sucios,
malhablados, aunque por lo general más felices. Estereotipo que tuvo su pico
máximo de expresión en la horripilante “Traffic” de Steven Soderbergh, donde
las escenas en Tijuana se filmaban sistemáticamente con una fotografía arenosa,
polvorienta, en un áspero tono sepia, muy distinto al de aquellas que transcurrían
en San Diego; de ningún modo nos olvidemos que ese lugar tan espantoso, lleno
de narcotraficantes y mal vivientes, está afuera de EE.UU.. Para
despejar cualquier atisbo de duda en “Babel”, los niños que cruzan la frontera
mexicana son hijos de Cate Blanchett y Brad Pitt: un solo mechón
de pelo que se acerque al castaño no haría más que crear incertidumbres sobre
la paternidad de un avejentado Brad.
El broche de oro
que convida este tercer film de González Iñárritu es una escena que no le
perdonaríamos ni al más simple documental contra las armas que pudiéramos
encontrar en la videoteca de cualquier escuela primaria. Es cuando el menor de
los hermanos marroquíes descubre que las armas matan –y que matan a los seres
que más queremos-: ahí toma el rifle del que hablábamos más arriba y empieza a
golpearlo contra una roca antes de entregarse a la policía confesando que fue
él quien disparó contra la turista yanqui. Lo único que faltaba era ver a
Michael Moore cruzándose en cámara y diciendo “¡Tenía razón, estúpidos
blancos!”
“Babel” parece diseñada
para cosechar premios. Sus similitudes con “Vidas Cruzadas” son tantas que
cuesta pensar otro desenlace. De no ser por la actuación de la japonesa Rinko
Kikuchi (el único personaje que nos interesa en toda la cinta) sería una
película insoportable. Manipuladora, perversa, enroscada pero simplista, sin el
menor interés en vincularse con los personajes que describe, termina pareciendo
más una suma de “clips” sobre cuatro películas futuras que un solo film verdadero.
Si estamos de acuerdo en que el cine es conjunción de arte, entretenimiento y
negocio, la indulgente recepción de Babel en ciertos sectores de la
crítica, y la buena acogida que recibió González Iñárritu en Hollywood y Cannes
confirman que una de esas aristas parece cada vez más prescindible.
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Babel |
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EE.UU./Francia/Japón, 2006, 143 minutos. |
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Dirección: Alejandro González Iñárritu
Guión: Guillermo Arriaga
Producción: Steve Golin, Alejandro González Iñárritu,
Jon Kilik,
Fotografía: Rodrigo Prieto
Montaje: Douglas Crise & Stephen Mirrione
Música: Gustavo Santaolalla
Sitio Oficial: http://uip.com.ar/babel/
Distribuidora: UIP
Estreno en Argentina: 18 de Enero
del 2007
Intérpretes: Brad Pitt, Cate Blanchett, Mohamed Akhzam, Peter Wight, Harriet Walter, Gael García
Bernal |
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benjamin | Sábado 19 de Mayo de 2007 |
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historias cruzadas e igual de malas?
bastante prejuicioso y errado el articulo. gonzalez iñarritu hace peliculas mas que interesantes, bellas y un tanto prosaicas o hasta insolitas. no tienen necesidad de ser politicas ni educativas. |
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Agustin | Jueves 24 de Mayo de 2007 |
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concuerdo 100% con la critica de Gonzalo..
aunque para mi fue mas decepcion todavia porque amores perros me habia parecido una excelente pelicula... esto ya es basura |
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danny lee | Lunes 11 de Junio de 2007 |
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Rinko estuvo la semana pasada parando en la casa de una de mis mejores amigas. Y como esta medio down por una chica, ni fui.
Yes no bromeo, esta casada con un argentino (el hermano de mi amiga) y vino de paseo con el. |
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Germán | Martes 26 de Junio de 2007 |
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Yo leí esta crítica del boletín Ojo Rojo (firmado por La susodicha) y coincido bastante con lo que dice:
[size=1]Desde su primer film, AMORES PERROS, hasta ahora, pasando por la insufrible 21 GRAMOS, tenemos la sensación, al terminar de verlas, de haber sido humillados y manipulados sin consideración alguna. Sin embargo estas cosas tienen su público.
Aquí se suma el maltrato a que son sometidos los niños, lo que agudiza la sensación de malestar.
Este director -que acaba de ser galardonado con un Globo de Oro, que equivale a la antesala del Oscar -supone que ha filmado una “trilogía“ con estos films y que esta parte de la misma es mucho más abarcativa que las anteriores porque, para realizarla, ha incursionado por variopintos puntos del planeta: EEUU, México, Japón y una aldea marroquí. Sin duda, entiende esto como diversidad cultural.
La idea central es siempre un desgranar de puerilidades.
Por extraer un solo ejemplo entre la maraña de desgracias, veremos que una acción aparentemente banal (el regalo de un rifle que hace un cazador a su guía) puede viajar de Japón a Marruecos, poner en peligro a una turista estadounidense, que ya venía con lo suyo, y originar descalabros a nivel mundial. El desastre globalizado.
La moraleja es que incidimos los unos a los otros permanentemente, en forma peligrosa.
Lo que sobrevuela es que las guerras, la miseria, el modo como margina EEUU a los mexicanos y todos los males que nos aquejan, provienen de contactos casuales, tiros al aire, vanos errores de individuos (sólo individuos) trastornados y criaturas despistadas, que pululan por el orbe.
Sería para que Neruda (si viviera aún) escribiera, en honor del mexicano, la Oda al Pensamiento Elemental.[/size]
Yo agrego que es pueril la historia que quiere contar, que no hay personajes delineados como seres humanos, sino tan solo sus acciones (de esto se salva la japonesa), que los grandes temas tratados para aleccionar sobre ellos es muy interesante en una reunión de un grupo militante (de la facción que fuese) pero no en cine. A diferencia de La susodicha, Amores perros me había gustado mucho, tenía una fuerza distinta, los personajes no eran juzgados ni maltratados para regocijo moral del espectador. Cosa que pasa en Babel; que es excesivamente pretenciosa. |
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fer | Miércoles 27 de Junio de 2007 |
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hola ¿hay alguien ahí? |
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V | Sábado 06 de Octubre de 2007 |
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Iñarritu... mas de lo mismo... la verdad q es increible q tipos como este puedan dirigir algo (y encima con los presupuestos de Hollywood) |
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Alejandro González Iñárritu |
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Otras películas (casi todas igual de malas) con historias cruzadas: |
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"Amores Perros" (Alejandro González Iñárritu, 2000)
"Las Horas" (Stephen Daldry, 2001)
"21 Gramos" (Alejandro González Iñárritu, 2002)
"Crash" (Paul Haggis, 2005) |
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