El
género documental empieza a tener auge en nuestro país luego
de exponentes de gran factura como "Balnearios", "Ciudad
de María" (primeras películas de Mariano Llinás y Enrique
Bellande respectivamente, que se cansaron de agotar entradas
en el Malba) y "Sol de noche", film realizado por Pablo
Milstein, (de gran repercusión en el 18º Festival de cine
de Mar del Plata y que también tuvo su estreno comercial),
productos que se suman a los ya clásicos documentales
de la dupla Céspedes-Guarini.
"Bowling for Columbine",
film perteneciente al género, toma como punto de partida
el asesinato de doce jóvenes en una escuela de Denver por
parte de estudiantes de esa misma escuela, para indagar
sobre la tenencia de armas en EE.UU., y las más de diez
mil muertes que anualmente se producen por disparos de esas
mismas armas en el país del norte.
Hay un par de aspectos del film sobre los que
creo esencial escribir, aunque lógicamente no agotan su
análisis. El primero de ellos, es lo difícil que se le hace
a una buena parte de la sociedad estadounidense (absolutamente
paranoica) entender que los niveles de violencia son un
emergente de su propio sistema social, y que de nada sirve
atacar a los “delincuentes” (pido disculpas por lo simplista
de la clasificación) si no se busca en primer término entender
las causas de los delitos, que no son la pobreza o las diferencias
étnicas como algunos pretender argumentar, remitiéndose
a un análisis facilista y demasiado liviano, característico
de un pensamiento sumamente práctico como el que domina
a la mayoría de los estadounidenses.
El otro punto
saliente, y muy relacionado con el anterior, es el nefasto
papel de los medios de comunicación, encargados de fomentar
el temor y el odio racial mostrando las 24 horas del día
noticias de asesinatos y escaladas de violencia. Esto que
parece algo lejano es lo mismo que se puede apreciar en
algunos medios locales, donde se busca generar pánico a
través de supuestas olas de inseguridad para lograr imponer
medidas reaccionarias como pena de muerte, “mano dura”,
o imputabilidad a menores de 18 años. Es decir, lo que aparece
en pantalla como un mal enquistado en la sociedad norteamericana
no es patrimonio exclusivo de EE.UU.
Pero volvamos
al film en cuestión… La valentía del documental (recordemos
que Michael Moore es norteamericano) es uno de los puntos
más destacados, además de la original puesta en escena,
que incluye una historia de la sociedad yanqui relatada
en tono de comedia de animación por parte de una bala de
rifle, y también un reportaje a un lúcido Marilyn Manson que en apenas cuatro o cinco oraciones logra describir como
nadie el american way of life.
"Bowling for Columbine" avanza a paso firme intentando demostrar con una rigurosidad
casi científica las hipótesis que sugiere, al tiempo que
entretiene al espectador dándole al documental un sello
propio que lo aleja de los exponentes más clásicos del género.
Cuando el film transita por esa vía, escondiendo algún golpe
bajo que sobre el final quedará a la luz, alcanza sus mejores
momentos.
Sin embargo
el film dista mucho de la perfección, y pueden hacerse algunas
críticas. La primera de ellas, los países con los que Moore
elige comparar EE.UU. a la hora de analizar muertes por
uso de armas de fuego: Japón, Alemania, Gran Bretaña...
Sin duda que una estadística con países en vías de desarrollo
acabaría siendo más seria, además de menos elitista.
Hay otra escena, para mí la más fallida del film, en la
que el director visita un shopping con dos sobrevivientes
a la masacre de Denver que tienen aún en su cuerpo balas
supuestamente vendidas en esa tienda. Allí acude Moore con
los dos jóvenes buscando una explicación o una acción concreta
por parte de la empresa que aliviane su angustia. Cuando
una de las encargadas del lugar anuncia que dejarán de vender
balas allí, el director se planta frente a la cámara
festejando tal determinación de la empresa, lo cual además
de tratarse de una frivolidad teniendo en cuenta el carril
que viene transitando la película hasta ese momento, se
asemeja bastante a un desafío a la inteligencia de los espectadores.
Por último,
la escena final en la que deja la foto de una chica asesinada
por un niño de seis años en la casa del presidente de la
Asociación Nacional del Rifle (nada menos que Charlton
Heston), hace pensar en la desvirtuación del género
documental, en una mutación al melodrama más chato de algunos
films norteamericanos, y lo que es aún peor, en la autocoronación
como héroe de la humanidad por parte de Michael Moore,
título que a la luz de los hechos y más allá de un corajudo
buen documental, pareciera quedarle demasiado grande.