Luego de la fallida pero igualmente algo atractiva “Demonlover”, el enigma Olivier Assayas anunciaba una pieza que podría llegar a acercarnos a comprender el rompecabezas de la errática carrera del ex crítico de la Cahiers Du Cinema. “Clean”, su última película, lo reencuentraría con su máxima musa, Maggie Cheung, con quien logró realizar la maravillosa “Irma Vep”, pico máximo de su carrera. Pero el cine no es una ciencia exacta, el repetir una dupla no garantiza nada, y en el caso de “Clean”, hasta podríamos juzgar que juega en contra.
El film, de aspecto moderno y narrativa ágil, sin embargo se inscribe dentro de las convenciones habituales del melodrama. Su relato se centra en la vida de Emily Wang, una ex-VJ (trabajo cool si los hay), que a modo de versión oriental de Courtney Love, está casada con una estrella de rock con problemas de adicción. Su esposo (interpretado por James Johnston, actual miembro de The Bad Seeds), finalmente muere de sobredosis, quedando Emily como la responsable ante los medios, la familia y en parte ante si misma, pero no ante la Justicia, que le da una condena leve. Nuevamente en la sociedad, se encuentra sola, con la misma adicción incontrolable y sin perspectiva de que su vida tenga un rumbo o sentido.
En el primer tramo del film, Assayas nos muestra el mundo en ruinas de Emily a través de despojos del universo del rock, pero sin caer en convencionalismo. “Los periodistas, tienen esta romántica idea sobre la auto destrucción”, se lamenta en algún momento Albrecht Hauser (Nick Nolte), yerno de Emily y pieza (finalmente) moral del film. Este retrato sobre la droga inserta en el mundo del rock, con sus causas y consecuencias, sobresale por eludir tanto a la moraleja simplona como a la glorificación imprudente. Así mismo esa pintura no es estática, sino que es ágil, orgánica y sutil, eludiendo afortunadamente la liviandad de la edición de videoclip. La aparición de músicos reales como Tricky, David Roback (Mazzy Star) o Metric (que aporta una electrizante versión de “Dead Disco”), de citas a revistas especializadas y escenas dentro de lugares reconocibles del ambiente musical, dan una sensación de verosimilitud que enriquece al film.
En cambio, todo se torna más pantanoso cuando la necesidad de redención del personaje se transforma en el eje del relato. Emily buscará reencausar su vida y chocará contra varias paredes, en una odisea en busca de recuperar la custodia de su hijo, que vive con sus abuelos desde la muerte de su padre. Allí el relato se torna más humano, pero a la vez también más mundano, quedando la modernidad del film en evidente intrascendencia.
Aunque nos pese y sea duro admitirlo, uno de los mayores problemas del film es la propia Maggie Cheung, forzada a tratar de meterse en la piel de un personaje con el que nunca llega a un registro creíble. Su belleza radiante nunca deja de estar presente, incluso cuando el guión demanda que no sea así. El maquillaje poco puede hacer y en los momentos más dramáticos, con Emily tocando fondo, Maggie sigue siendo... una diva. Assayas parece no percatarse y sigue tratando de hacer lucir a su musa (y ex-esposa), aún en los aspectos que son obvios que no son su fuerte. Máximo ejemplo de esto son las escenas donde la pobre Maggie debe cantar, dejando en claro que no es lo suyo, por más que tenga a Brian Eno dándole letra.
¿Es Olivier Assayas un gran director? Personalmente creo que sí, en la actualidad pocos tienen un pulso narrativo personal tan apasionante y dinámico, al punto de hacernos olvidar si lo que nos cuenta es relevante o no. Su film anterior, “Demonlover”, era la quintaesencia de eso: una historia fría, distante y con personajes apáticos, que sin embargo tenía una fluidez narrativa sostenida con solidez. Pero el problema es que Assayas, a la vez de gran director, es un guionista cuanto menos modesto. Eso se hace notar en “Clean”, que está repleta de puntas no profundizadas, personajes secundarios innecesarios y escenas de cuestionable aporte. Si bien logra eludir bastante bien la sensiblería, termina recayendo en el lugar común, que choca contra cualquier intención de trascendencia.
En algún momento, el rockero en decadencia le dice a su esposa que ya está grande, que la gente espera algo excepcional de él: algo así le sucede a Assayas. Pareciera que a su carrera ya no le alcanza con hacer simplemente buenas películas, sino que necesita con urgencia de una gran obra, a la altura de la gloriosa “Irma Vep”. Hasta le perdonaríamos una gran obra fallida, pero no que siga sin subir la apuesta y conformándose con hacer films simplemente agradables.
“Clean” nos engaña de entrada al mostrarnos una ciudad industrial repleta de smog. Pero el film termina siendo tan limpio, pulcro y con estilo reluciente como esos fríos discos producidos por los productores estrellas del momento. Y como dice el dicho, no todo lo que reluce es oro. Y al contrario, lo que le falta a “Clean” es ensuciarse, despreocuparse por su brillantez y pose cool. Eso sí sería rock.