¿Cuánto pesa en un artista su primer paso, su darse a conocer? ¿Cuánto influye en un músico su primer álbum, en un escritor su primera novela? ¿Cuánto más debe sumarse si en ese firmamento inicial se da voz a un grupo escondido en sótanos oscuros entre platillos y cuerdas, en plazas desiertas entre botellas y espeso humo blanco? ¿Y cuánto más aún si allí lo autobiográfico deja a la exposición, en carne viva, el alma del creador? “Nadar Solo” representó la aparición en el mundillo cinematográfico de un joven clase 76 que sorprendía con su mirada melancólica y sensible sobre la adolescencia. Y en ella nos vimos reflejados (quizás por primera vez) muchos de los que disfrutamos una tarde con el techo del cuarto, una melodía sombría e impasible, o la contemplación del mar en una gris tarde de agosto. Bienvenidos al universo Acuña.
Las apuestas de Acuña
Puede resultar una primera incógnita el motivo por el cual Ezequiel decide comenzar a rodar su segundo largometraje al año siguiente de la presentación de su opera prima. ¿Necesidad de contar una historia de amor adolescente?, ¿deseos de demostrar(se) que puede plasmar en pantalla situaciones que no precisamente haya que asociar con él mismo?, ¿y los réditos económicos cuán determinantes resultan?. Como sea el rodaje comenzó rápidamente, no hubo necesidad de deambular años con un casette de video bajo el brazo buscando una productora que se encargara de la post producción. Lo que no significa que haya resultado sencillo.
La primera apuesta de Acuña, pues, reside en arrojarle el papel protagónico a un joven sin experiencia en pantalla grande, pero con un notable desempeño en el off teatral porteño. Ignacio Rogers, el desgarbado actor de “El Adolescente”, con apenas 17 años, tomó el papel de Nico, un chico que perdió a sus padres un año atrás en un accidente de avioneta, que vive con su hermano mayor y que, hasta que la conozca y se enamore de Luchi, dividirá su tiempo entre la veterinaria en que trabaja, y Santi, su mejor amigo. Ya no hay bandas ni salas de ensayo, ni escuelas perversas, ni padres incomprensibles. Entran aquí otras dos jugadas maniobras del director. Manuela Martelli, la joven actriz chilena que descollara en “B-Happy” y en “Machuca”, será la encargada de enamorar (y de histeriquear, digámoslo) a Nico. Particular y arriesgada elección la del director sabiendo que son características que generan difícil empatía con el público. Por otra parte, el trabajo de guión aparece mucho más cerrado, circunscripto a tres historias claramente definidas que marchan en paralelo y que tendrán todas su respectiva resolución, más o menos abierta según se trate.
Rumbos y posibilidades: ¿ensayo y error?
Es aquí que aparece la cuestión fundamental sobre la que gira “Como Un Avión Estrellado”. En varios reportajes Acuña dijo sentir, a la distancia, que “Nadar Solo” le parecía una película con varias escenas de más, imperfecta en cuanto a lo que quería transmitir a nivel actoral con los papeles secundarios, y debió soportar que algunos críticos tildaran de “caprichosa” su elección de incluir tantos elementos personales (la remera de Morrisey, el recital de Jaime Sin Tierra, los diálogos en apariencia banales que mantenían los protagonistas, etc.). Creo que la influencia de estos factores resultó determinante en algunas decisiones de este segundo film. Jaime Sin Tierra ya no está tocando en pantalla, aunque se trasladó nada menos que al título de la película. Las nociones más íntimas, más propias de su universo personal, están sofocadas, ocultas en algunos rasgos del personaje que interpreta muy bien Santiago Pedrero, o más visibles en la música de Mi Pequeña Muerte o de Jackson Souvenirs. La impresión es que en este segundo paso Acuña cargó con la presión de distanciarse de su primer film para mostrar que puede tomar bien un guión sólido. Haber logrado filmar así esta historia (lo que en palabras más sencillas sería “lo que me propuse hasta el momento pude hacerlo bien”) es para festejar y puedo imaginarlo tranquilo en este paso de madurez que dio dentro de una incipiente y muy prometedora carrera. La contracara es lo que resigna en este movimiento en pos de buscar su lugar dentro del cine, y es que el film se hace más impersonal. Conserva guiños que lo vuelven una producción propia, pero el esfuerzo pareciera estar enfocado hacia otra dirección. A romper con una etapa y posicionar su filmografía en una película “sobre adolescentes” y no “por adolescentes”.
Debo reconocer entonces que al haber sido parte de esa bisagra que significó “Nadar Solo” no soy el público ideal que el director quisiera tener en este momento de su trayectoria. Sería imposible pedir que en cada película Ezequiel consiguiera generar un grado de empatía similar. Pero no lo es buscar en sus creaciones los elementos, climas, diálogos y situaciones que en su momento lo posibilitaron. De los resultados que obtenga (entiéndase el análisis que hará y la repercusión que conseguirá en el público) dependerá entonces el rumbo de su tarea como director. Sin duda lo más importante hoy por hoy es que aunque el avión ya se estrelló, Acuña sigue volando.