En “Esperando Al Mesías” (1999), de
Daniel Burman,
Daniel
Hendler interpretaba a Ariel , un chico judío, cuya madre recientemente
había muerto, y que, entre otras cosas, tenía algunos problemas de comunicación
con su padre. En “
El Abrazo Partido” (2004), de Daniel Burman, Daniel Hendler
interpretaba a Ariel , un chico judío, que entre otros varios problemas tenía
una abismo en la comunicación con su padre. En “
Derecho de Familia”
(2006), de Daniel Burman, Daniel Hendler interpreta a Ariel, un joven judío,
cuya madre ha muerto y, entre otras cuestiones, se entiende relativamente bien
con su padre, aunque tienen algunas diferencias.
Se podría decir que es más de lo mismo, que Burman retoma a
su mismo personaje, repitiendo la temática que aborda la relación entre un hijo
y su padre. Recuerdo que me habían dicho que “El Perro” (Cárlos Sorin 2004)
estaba bien pero era más de lo mismo que “Historias Mínimas” (Sorin, 2003) . Y
bueno, me había gustado “Historias Mínimas”, pero aun hoy no he visto “El Perro”. Más allá de lo
desacertado o no de mi actuar como espectador, estoy seguro que no sería justo
que esto suceda con “Derecho de Familia”. Hay directores que se concentran en
las relaciones de pareja, otros en las relaciones entre amigos, Burman parece
estar concentrándose últimamente en desarmar y exponer el vinculo entre el rol
del hijo y el padre.
En este, su quinto largometraje -el segundo que funciona sin
fisuras-, Burman retoma a su personaje protagónico… ¿o no? ¿Es este Ariel
(Daniel Hendler) el mismo Ariel de “Esperando Al Mesías”, o “El Abrazo
Partido”?…
Contempladas como relatos autónomos, cada una de estas
películas se superponen a esa duda, dejándola en un plano de irrelevancia.
Parece establecerse que la intención autoral de Burman no es dar continuidad
directa a sus guiones, sino trazar un estudio de un camino personal a la
madurez, observando el recorrido por la vida de un personaje en particular
–(bueno, por diferentes vidas)-. Burman desarrolla su tesis sosteniendo al
carácter, sobre diferentes diégesis; es decir, transportando a Ariel de un mundo ficcional a otro (según la película
que veamos), pero continuando con su evolución como persona en esas realidades
diferentes.
La evolución formal, y sobre todo narrativa que se deja ver
en “Derecho de Familia” deja en claro que el cine de Burman va creciendo en
paralelo al desarrollo de su aparente único protagonista. A nivel argumental, podríamos mencionar, que
el relato aborda a Ariel, ahora abogado (como su padre), intentando alejarse de
su padre en el aspecto profesional; intentando acercarse a su padre en el plano
personal; intentando entender su lugar en su matrimonio; intentando entender su
función como padre... Básicamente, en esta nueva entrega, Ariel es hijo, y se
hace padre; es soltero, y hace marido; es hombre... y se hace hombre.
Por el lado formal, es notoria la diferencia que se presenta
con respecto a su obra anterior (y sobre todo a “El Abrazo Partido”). En la puesta
de cámara de “Derecho de Familia” se deja de lado cualquier intención
experimental, para apuntar al manejo perfecto del ritmo narrativo, acercándose
muy seguro a la meta que se ha propuesto, dejando de lado los riesgos que en
sus anteriores películas -con excepción de “El Abrazo Partido”- no pudieron superar.
Siendo menos ambiciosa que la anterior, esta película
funciona, como una correcta comedia sensible y lograda, más allá que algunos de
los artilugios que se usan para lograr esas sonrisas permanentes sean
objetables. El hecho de que la mitad de los gags se articulen entre la voz en
off del protagonista, y la presencia de un niño de dos años puesto a “actuar”
como un mayor; o sea, a “estar”, siendo inevitablemente adorable por motivos
extra-cinematográficos, plantea ciertas dudas. Es cierto, Burman pone a un bebé
haciendo cosas de bebé, y se gana así la mitad de las risas de cualquier grupo
de espectadores, pero...¿que más da?. Por lo menos suma empatía, en un film que
parece buscar que cualquiera se sienta identificado, más allá de lo diferente
que pueda ser a los personajes.
El final de la película deja la sensación de que Burman ha
cerrado el ciclo de estudio de la paternidad (por lo menos desde la óptica del
hijo). Por lo que no podemos saber si volveremos a encontrarnos con Ariel.
Estaría bueno que en lo que sea que este director haga a continuación, no se
olvide de incoporar al personaje que todos queremos volver a ver, Ramón, el
corredor de Once, el testigo falso... ¿será el fin de la casi-zaga, o el
comienzo de alguna otra?