Si
alguien preguntara de que se trata "El Hombre Sin Pasado", cuál
es su historia, la respuesta sería simple: un hombre que
pierde la memoria, y con ello su identidad. Debe, por tanto, empezar
su vida de cero. Conoce a una mujer de quien se enamora. Todos felices.
Fin. Es una historia sin dudas convencional, poco original, vista
ya muchas veces, que incluso no despierta mayor entusiasmo. Hay
un solo elemento que la diferencia del resto para convertirla en
una obra maestra: su realizador se llama Aki Kaursmäki.
Es una historia simple,
donde la originalidad no está en lo que se cuenta, sino en
el cómo. Kaurismäki apela a una refinada economía narrativa
para dirigir la atención del espectador hacia lo que es importante,
sin que se distraiga con lo accesorio. La construcción de
los personajes parece incompleta: no sólo no sabemos quien
es ese hombre (lo sabremos hacia el final, cuando en verdad ya no
tiene mayor importancia que la anécdota), sino de donde viene,
porque viajó a ese pueblo, si tiene o no familia. No lo sabemos,
ni nos importa. Lo mismo sucede con el tiempo en que se desarrolla
la historia.
Además de que el relato está
repleto de huecos elípticos, la ubicación temporal
no está definida. ¿Son los 50's? ¿Es la actualidad?
Se combinan perfectamente una rockola y un auto clásico con
la necesidad de abrir una cuenta bancaria para cobrar el sueldo
y comer sushi en el tren. Los diálogos son escuetos y directos;
no hay una sola palabra de más. Aún más: la
inexpresión en los rostros, en los movimientos y en el tono
de la voz hacen parecer a las interpretaciones como vagas, vacías.
Incluso a esta aparente abstracción se le suman una serie
de situaciones insólitas en las que los personajes se involucran
todo el tiempo (el "renacer" del personaje en el hospital,
el aparatoso asalto al banco y la confusión que se desprende
en torno de éste).
Sin embargo, el verosímil
de la película está intacto. Se trata de una comedia
absurda, donde el espectador termina riéndose de lo más
miserable del personaje. Se trata de un drama social, donde se exponen
personajes marginales de Finlandia desde el minimalismo estético
y expresivo, evitando recurrir a cualquiera de las formas acusadoras
del cine social político actual (lo que sucede con el inglés).
Entonces se construye un verdadero realismo desde la sensación
de irrealidad y absurdo más que desde la realidad misma.
Lo importante es el aquí y ahora. Que el espectador se involucre
y complete la historia de los personajes a su manera, con su propia
experiencia. Que se llegue a mostrar la trascendencia del ser humano.
Allí, al igual que en el resto de su obra, Kaurismäki
no puede evitar dar cuenta de la huella de Dreyer y Bresson en su
arte. Pero inmediatamente la hace propia, y crea un universo personal
totalmente nuevo para convertirse en uno de los realizadores más
interesantes de estos tiempos.
Todo el film está
rodeado con una atmósfera profundamente melancólica.
Las canciones tristes y opacas de un grupo religioso o el tango
finlandés que se emite en una radio; cualquier situación
es una excusa válida para escuchar música y llenar
el ambiente con un tono gris. Lo mismo sucede con el cine clásico
y la constante nostalgia de lo pasado: se remite a la estética
del cine en color de las primeras épocas en la ambientación,
las vestimentas y la fotografía.
La música
y la reminiscencia a los elementos del cine clásico son dos
características fuertes a nivel estético de la obra
de Aki Kaurismäki, así como también la precisa
composición del cuadro, los escasos movimientos de cámara,
la exquisita fotografía (dirigida por Timo Salminen, quien
acompaña a Kaurismäki desde los comienzos) y el constante
trabajo con un mismo grupo de actores: en este caso Kati Outinen
("Sombras en el Paraíso", "Hamlet en el negocio", "La chica de
la fábrica de fósforos", "Nubes Pasajeras" y "Juha" entre
otras) y Markku Peltola ("Crimen y Castigo", "Nubes Pasajeras" y "Juha").
"El Hombre Sin Pasado"
es una historia simple. Tan simple como capaz de reflexionar sobre
el ser humano y su trascendencia en el mundo, de una manera tierna
y profunda, como sólo Aki Kaurismäki lo puede hacer.