"En
Construcción" es un film que muestra “cosas vistas y oídas
durante la construcción de un nuevo inmueble en El Chino, un
barrio popular de Barcelona que nace y muere con el siglo”. Así lo explicitan los títulos iniciales. Pero aquel tema llano
de la destrucción de un viejo edificio y la construcción nuevo,
José Luis Guerín lo transforma en una obra única que reflexiona
sobre el paso de tiempo, la identidad y el lenguaje del documental.
Tres años le
llevó a Guerín la realización de este film; el tiempo real que
demandó la construcción de este nuevo complejo habitacional. Durante
ese tiempo se dedicó a enfrentar un documental “sin argumento”,
que iba naciendo en las jornadas de filmación, junto a esos vecinos
y esos albañiles. Quizás uno de los hechos que hayan definido
la mirada del documental fue esa extraña e imprevista aparición
de tumbas romanas enterradas debajo del edificio. Expuestos en
una maravillosa escena, el pueblo entero desfiló ante Guerín y
su cámara, lo que le sirvió como perfecta introducción a ese gran
personaje que es el pueblo: sus conjeturas, sus pensamientos,
sus risas.
Mostrando
sin pretender juzgar, el realizador le concede al espectador
la decisión independiente de llegar por sí solo a un concepto
acabado de cada imagen. Sin embargo, la mirada de Guerín hacia
este pueblo perturbado por la llegada una modernidad falsa resulta
clara, aunque nunca discursiva. Compone magistralmente cada
imagen, retratando la sumisión de los vecinos y sus casas frente
a la irrupción del elemento destructor: un hombre en un balcón
y la grúa pasando frente a él; una mujer tendiendo la ropa,
y un container que se desplaza en el aire. No necesita de lo
explícito del testimonio tradicional para transmitir el desarraigo,
la invasión. Sólo conocer a la perfección el mejor ángulo para
la toma, y que las imágenes hablen solas.
La
cámara permanece inmóvil registrándolo todo. Es una cámara que
nunca se oculta, reforzando el compromiso de Guerín con la cotidianeidad.
Capta solemnemente cada reacción, incluso la de los habitantes
de este barrio frente a la presencia de propia cámara (poco
le molesta que la gente que pasa mire hacia ella). Así y todo,
consigue momentos de absoluta intimidad de sus personajes, como
aquel entre la pareja de jóvenes “protagonistas” en su habitación.
Son momentos de tal intensa, bellísima y sincera naturalidad,
al punto de concedernos lugar a la duda (justificada quizás
también, en el caso de la escena de los jóvenes, por la utilización
de algún plano/contraplano –los únicos en el film- que delatan
la presencia de una puesta) sobre si se trata de la interpretación
de actores. Pero Guerín no huye a lo ficcional, sino que, por
el contrario, lo expone sin temor. Porque "En Construcción" no se trata de un documental, al menos no en la concepción “clásica”
de dicha categorización, que a este film le queda chica.
Los
personajes se van descubriendo de a poco, casi por casualidad.
Los niños que juegan en andamios, un viejo marinero que recuerda
sus experiencias, un albañil marroquí conciente de la lucha
de clases. Se construyen tímidamente, al mismo paso lánguido
y eterno que el del edificio, y que el de, entonces, la película.
El reloj de un edificio es testigo presente de todo lo que sucede.
Es el tiempo que marca (y el que no) el que rige el film. "En
Construcción" es un trabajo que reflexiona, sin soberbia,
con absoluta naturalidad y con un lenguaje que no es otro que
el de lo cotidiano, sobre el paso del tiempo y sus huellas:
la transformación del espacio y de lo humano; la nostalgia de
lo pasado.
La
película podría, entonces, haberse llamado “En Destrucción”.
Pero, en verdad, el título no podría haber sido otro. Refiere
al proceso del film en sí mismo, a su génesis. Cada secuencia
es un paso hacia la construcción de sentido. Las imágenes iniciales
poco parecieran decir en sí mismas, y sin embargo se convierten,
en su devenir, en una bomba a punto de estallar. La significación
totalitaria del film aparece de golpe, no antes de que el film
concluya, momento en el cual todas esas piezas que parecían
sueltas (pero que en verdad un asombroso trabajo de montaje
nunca permite que lo estén) lleguen a un mismo y único destino.
Hacia el final, se produce el único movimiento
de cámara del film: un largo travelling a través de una estrecha
calle catalana. La joven pareja camina todo a lo largo de un
barrio transformado que los ha transformado de igual forma a
ellos. A pesar de la destrucción, Guerín les concede la esperanza
del nuevo nacimiento, del movimiento, de la vida.