Cine
 
FATE, de Fred Kelemen  
 
La topadora aplasta a los hombres
 
   
 

"Es la franja de los débiles, los pobres, las minorías las que muestran el estado de una sociedad. Si esa franja es maltratada, entonces la sociedad no está en buenas condiciones". Eso es lo que dice Fred Kelemen cuando habla de su película luego de la proyección en el Buenos Aires V Festival Internacional de Cine independiente, en cuyo marco se presentó una muestra retrospectiva de este joven director alemán creador de personajes marginales y paisajes desoladores.

Situada durante una noche en Berlín, Fate sigue primero a un acordeonista ruso y luego a su novia a través de una ciudad hostil y extraña, una Berlín que se ha convertido en el espacio de vagar y no un espacio como hogar. En Fate, los personajes que transitan por una tierra de fatalidad y desavenencias son extranjeros. La elección de la nacionalidad está amparada no sólo que los actores que interpretan estos personajes son efectivamente extranjeros (ambos son nativos de Rusia), sino que sus inclusiones pueden asociarse como metáfora de los propios alemanes alienados por su sociedad, por su ciudad. Se manejan elementos humanos muy básicos. La desolación, la mortalidad, el exilio. El destino. No hay en ellos una distinción de lugares en el mundo.

Tango y vodka, infidelidad y muerte, miseria y violación. Es raro que para muchos en esta película haya poca acción cuando todas estas palabras están inmersas en la historia, y no indirecta sino explícitamente. La construcción se ampara en una serie de largas y lentas tomas con escaso diálogo. La película está compuesta por sólo 12 planos, siendo algunos de hasta 15 minutos sin corte (como las escenas de ambos bares). Esto es, más allá de una evidente decisión de puesta en escena, una consecuencia directa del uso del video como formato único de captura, lo cual ofrecía la posibilidad de manipular con absoluta libertad la duración de las escenas.

El film está íntegramente filmado en video, formato que trabajó en su primer film, Kalyi, y en el último, Nightfall, pero nunca de manera integral. Y no se trata de la imagen limpia del video digital: la película fue filmada en 1994, y Fred Kelemen para ese entonces decidió usar una simple handycam formato hi 8 para la realización de su segundo largometraje. Esta decisión poco tiene que ver con la escasez de recursos sino más con una decisión meramente estética. Kelemen afirma que el video le ofrecía la posibilidad de jugar especialmente con la saturación de los colores. El traspaso a formato fílmico le otorgaba una coloración que, según él, jamás podía lograr registrando en fílmico. Además, el video le permitía lograr una imagen sucia, con un grano especial, siendo la imagen más dura. Y era la historia la que pedía que esa dureza se haga presente. Los personajes para Kelemen son seres impuros; la técnica debía reflejar esa idea de imperfección.

La suciedad del video también remite a un carácter documental del registro, punto también importante del film. No sólo la historia es de carácter realista, sino que incluso podría considerarse documental. Los extranjeros que aparecen en la película no actúan su nacionalidad, sino que son lo que actúan. Salvo la actriz principal, actriz rusa de teatro, el resto de los intérpretes no son actores profesionales. El personaje de Valery es un cantante de ópera ruso que jamás había actuado con anterioridad. Los matones del primer bar son yugoslavos, el hombre del tango es chileno, y el chico del segundo bar es suizo.

Como dato aleatorio, en los créditos, Kelemen agradece a Bela Tarr y Peter Mettler. Al primero, por confiarle su apoyo en el proyecto e incentivar a la escuela en la que estudiaba Kelemen para que lo dejen filmar esta especie de película de tesis. A Mettler, por cederle una de sus imágenes del bellísimo registro de auroras boreales que realizó para el documental Pictures of Light, también exhibido en este festival.

La fatalidad de una tierra alienada. Personajes marginados, no por su condición de pobreza sino por su condición de extrañamiento. Más allá de ser la historia de dos inmigrantes rusos en una tierra que les es ajena, Fate se convierte en una reflexión sobre la alienación del hombre provocada por una sociedad; en una soslayada pero aguda crítica a la sociedad alemana de esos días. La topadora aplasta a los hombres.

 
Verhängnis
 
 
Alemania, 1994, 80 minutos.
 
     
Dirección: Fred Kelemen
Guión: Fred Kelemen
Dirección de fotografía: Fred Kelemen
Montaje: Fred Kelemen
Compañías Productoras: Deutsche Film - und Fernsehakademie Berlin (DFFB)
Intérpretes: Valerij Fedorenko, Sanja Spengler.
Festivales/Premios: Mejor director en el Festival de Bogota 1995. Presentado en el Buenos Aires V Festival Internacional de Cine Independiente 2003, Sección Directores: Fred Kelemen.
 
     
Publicación: Mayo 2003
 
 
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Fred Kelemen
 


  Links  
The Decay of Cinema - Ensayo de Susan Sontag (brevemente refiere a Kelemen)

 
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