Cuando
vamos a un festival tenemos siempre la expectativa de descubrir
esa pequeña reliquia que nos llevaremos atesorada con llave
y candado sólo en nuestros recuerdos. Difícilmente
la llegaremos a ver nuevamente, y eso hace que su proyección
sea tan valiosa como única. "Hukkle" es el diamante
que muchos archivarán en sus cabezas para intentar nunca
olvidar.
Se trata
de una película húngara sin diálogos y apenas
una canción hacia el final. Es un bellísimo poema
visual y sonoro de 75 minutos que nos hace transitar por la vida
del pueblo húngaro de Ozora, habitado por simples personajes
pero insólitas situaciones. "Hukkle" es un policial
que se desencadena por una sucesión de misteriosas muertes
ocurridas en un pueblo apacible. Nadie sabe cómo comenzó
a morirse alguien en el pueblo todos los días. En principio,
se presuponen causas naturales para las mismas. Pero esta hipótesis
se desmiente, más allá de que las muertes son, efectivamente,
por causas naturales. La cuestión es que no tomamos por
natural a las consecuencias de una vida longeva,
sino natural por la naturaleza misma, ya que es una
sustancia vegetal que circula en pequeñas botellas la causante
de los decesos.
En "Hukkle",
el principal protagonista es la naturaleza. A pesar de los cuantiosos
y adorables personajes que residen en el film (y en el pueblo),
lo que verdaderamente importa es el medio en el que éstos
existen. Parece haber una necesidad constante de volver al principio
de las cosas y de reflexionar sobre el tiempo de la vida como
único ciclo inmutable y repetido. Es la naturaleza la poseedora
del caudal de toda experiencia de vida (incluso es la propia naturaleza
la causante de las muertes sucedidas, y no así el hombre).
Por eso el recurso indiscutible de retratar exhaustivamente a
la naturaleza toda, con sus movimientos y sonidos; con su tiempo.
De entre
esos personajes encantadores, nadie puede obviar al viejo hukkle
(que en húngaro significa hipo). Un anciano que permanece
día y noche sentado en la puerta de su casa, bastón
en mano. Su impasibilidad es, paradójicamente, lo que le
otorga a la película el ritmo de una melodía perfecta.
El viejo y su hipo continuo marcan, como teclas de un piano, la
entrada y salida de los sonidos de Ozora. Y con ellos las situaciones.
Y con ellos la vida.
El policial
en "Hukkle" existe, pero como contexto de lo que es verdaderamente
importante. Es un policial que poco tiene de importancia junto
a los recursos utilizados para contarlo. La inexistencia
de palabras, la poesía sonora, el preciosismo visual, la
suma de situaciones simples. Quizás se deba destacar, el
que quizás sea uno de los momentos sublimes del film, que
se da prácticamente hacia el final y poco tiene que ver
con esta sutileza poética. Inexplicablemente aparece un
avión de guerra en un vuelo rasante y veloz a lo largo
de un río, cruzando un puente, una calle, el pueblo. Sin
dudas se trata de una situación absolutamente inesperada,
contrapuesta en cualquier aspecto con el suceder previo de la
película, apacible, pequeña y despojada.
Además
de un policial, un hermoso experimento de imagen y sonido, y una
exquisita fotografía del mundo de la naturaleza, "Hukkle" es también un documental. Es el pueblo de Ozora el que
contiene todas las experiencias. Es György Pálfi el inteligente articulador de esos elementos.
Pero seguramente, "Hukkle" es muchísimo más. Simplemente hay
veces que las reliquias no pueden explicarse como tales. Las palabras
resultan muchas veces vacías para describir la belleza
de las cosas.