La distribución cinematográfica en Argentina siempre fue un enigma cuyas claves de comprensión parecen inaccesibles a los humanos. Así y todo, cada tanto solemos tener la fortuna de recibir ciertos estrenos que tienen sabor a regalos inesperados. Sin dudas, "Irma Vep" de Olivier Assayas -película de culto presentada en Cannes '96- es uno de los mayores obsequios que recibimos los cinéfilos este año.
De tono experimental -sin que ello conlleve una propuesta aburrida-, su historia puede sonar falsamente convencional: René Vidal, un director francés de elevado ego pero descendiente carrera, recibe un pedido para filmar una remake de "Les Vampires", el serial mudo realizado por Louis Feuillade en 1915. Pero Vidal (interpretado por Jean-Pierre Léaud, ícono de la Nouvelle Vague, famoso por interpretar a Antoine Doinel en la saga de François Truffaut) logra cierto entusiasmo por la idea de la adaptación -a todas luces innecesaria- al intentar actualizar al personaje principal, la sexy, exhuberante (e ineludiblemente francesa) Irma Vep, por un ícono actual. Deslumbrado al ver al film el film de superacción de hong kong "The Heroic Trio" (1993), decide contratar a su protagonista, la siempre hermosa Maggie Cheung.
Pero al igual que el film que prepara Vidal, en manos de otro director "Irma Vep" podría haber sido una película más sobre un tema tan repetido como el cine-dentro-del-cine. Pero el factor diferenciador está en la aproximación que plantea Assayas, que no se contenta con la simple mirada vouyerista del detrás de cámara, sino que indaga con visión crítica acerca de la imposibilidad de un rehacer con inocencia natural algo que no deja de ser "imagénes acerca de imágenes". Además Assayas lleva más allá el debate, para hablarnos de una industria que se va consumiendo en su ombliguismo, alienación, hipocresía y neurosis. Una industria donde el ego está tan elevado como el presupuesto en FX de las producciones de Hollywood, a las que tanto los personajes critican. En medio de ese estado caótico, donde todos se echan culpas de todo, Maggie Cheung (reitero: maravillosa) es el único ángel puro que mantiene la inocencia hacia el arte de crear.
Es así que Assayas -excrítico de la famosa revista Cahiers du Cinéma- hace completamente lo opuesto a Vidal, no se deja atar por ninguna obligación formal, por lo que el relato puede deslizarse entre el registro semidocumental y el de total experimentación a la Kenneth Anger. Reflejo de lo que puede hacer el arte sin ataduras y en estado de libertad, es la escena en que Maggie Cheung se apodera de su personaje para cometer un atraco, exhaltada por el desenfreno noise de los Sonic Youth como fondo dramático.
Es Assayas no cae en el discurso único y repetido, sino que se atreve a darle a los distintos personajes varias visiones sobre el mundo del cine. Incluso, no teme mostrarse contradictorio, dejando flotar en el aire la canción "Bonnie & Clyde" interpretada por la banda newyorkina Luna (gran reversión del tema ineludiblemente francés de Serge Gainsbourg).
"Irma Vep" envejece saludablemente porque no intentó en ningún momento tan sólo captar un momento, sino que capturó un conjunto de ideas que flotaban y flotan aún en los debates sobre el crear, esos que nunca acaban, porque son parte de la esencia misma del arte.