Puede
considerarse a esta película como una secuela de “
Piso compartido” (“L´Auberge
espagnole”) comedia que se estrenara en 2002 con gran éxito de taquilla
en su país de origen, Francia. También se la puede señalar como la continuidad
de la asociación entre el director Cédric Klapisch y su actor fetiche Romain
Duris ya que marca la quinta colaboración entre ambos.
Existe
una serie de creencias que señalan a ciertas etapas de la vida como críticas.
La adolescencia y “los 40´” son quizás las más difundidas. La primera se
encuentra representada en muchas obras cinematográficas, tanto como una
instancia con matices trágicos como también desde su opuesto en las desaforadas
comedias estudiantiles. En cuanto a “los 40´” ha dado pie a reflexiones que se
caracterizan más por su reflexión existencial.
¿Qué sucede cuando se acercan los
treinta años? ¿Es esta una etapa de la vida crítica pero menospreciada o en
realidad comienza a constituirse como tal y asomar con fuerza como producto de
los cambios en las costumbres sociales de los últimos tiempos?
En
“Piso compartido”, Xavier huye del destino confortable
pero impersonal que le procuraba un puesto en un ministerio para decidir ser
escritor. El vehículo con el cual asociaba aquella película esta trascendente
decisión era el avión. Por lo tanto Xavier - la metáfora hay que reconocerla
como un tanto simplona- despegaba a la vida.
En “Las
muñecas rusas” reencontramos
a Xavier algunos años después de su experiencia en el albergue universitario de
Barcelona. Ya se acerca a la treintena y la realidad lo encuentra escribiendo guiones para un estereotipado
culebrón de televisión. En cuanto a su vida amorosa, si bien todavía conserva
una visión idealizada acerca de lograr una pareja ideal, es superficial y
confusa. Su ex novia, Martine, comprometida con las buenas causas sociales
planetarias cuestiona su falta de actitud frente a todo lo que lo rodea, pero
al mismo tiempo guarda sentimientos ambiguos hacia él. La inseguridad invade al
protagonista hasta el punto de construir una fachada de normalidad ante cada
visita a su venerable abuelo.
La configuración de este escenario se
trastocará con el casamiento del integrante inglés del grupo de amigos
constituido en la ciudad de Gaudí, quien se ha enamorado de una bailarina rusa.
El ingenuo William decide entonces invitar a toda la banda a participar de la
ceremonia que se realizará en San Petersburgo, sitio caracterizado por sus
proporciones armónicas y equilibradas.
Que quede claro que esta comedia no pretende
ofrecer mucho más de lo que vemos. Esto quiere decir tener la posibilidad de
pasar un rato agradable, y si es posible con amigos y amigas con quien
compartir guiños cómplices mucho mejor. Los momentos más débiles son los
pretendidamente humorísticos, donde se quiere caricaturizar situaciones
mediante el desdoblamiento de la realidad. Sin embargo, podemos entrever ciertos elementos a modo de beneficios
secundarios que pueden ser interesantes, como por ejemplo su valor como
documento de actualidad de una Europa que ha reducido literalmente sus
distancias internas y en donde sus habitantes parecen representantes de
provincias más que de países. También es interesante observar como toda esta
variedad de personajes, en tanto integrantes de una generación, se posicionan
ante un tablero cada vez más complejo y con necesidades diferentes de las
generaciones predecesoras.
No
sabemos si continuarán los fragmentos de los discursos amorosos de Xavier,
quien en esta oportunidad ha sido ubicado por Cédric Klapisch en otro vehículo
más terrenal como el tren, pero si es de suponer que la sociedad entre director
y actor seguirá afianzándose próximamente.