Cine
 
PERDIDOS EN TOKIO, de Sofia Coppola  
 
Nadar Solos
 
   
 

Perderse, es un acto mal visto por la sociedad. Después de todo, ésta siempre nos marca caminos estrictos que debemos seguir, no sólo para no perdernos, sino también para ser prósperos, respetados y llegar a ese concepto tan ambiguo llamado “éxito”. Para esta sociedad, una persona perdida es simplemente aquella que ha rechazado el camino recto, en pos de esa elección imperdonable de la búsqueda interior.

Sofia Coppola fue desde siempre una chica perdida y callada. Con una infancia que tiene como álbum de fotos a obras maestras en 35mm que son patrimonio de la humanidad, Sofia eludió sagazmente el ineludible peso de la herencia paternal. Si bien desde que tenía contados días de vida había quedado inmortalizada en el celuloide, sólo levantó la voz cuando tuvo algo que decir. Mientras tanto, ella se quedó perdida, rechazando el camino.

Perdidos en Tokio” es el segundo largometraje dirigido por Sofia Coppola y el que viene a confirmar las cualidades únicas que se dejaban entrever en su ópera prima “Las Vírgenes Suicidas”. Aquí, Bob Harris (un desbordante Bill Murray, genial hasta en el gesto más mínimo) es una estrella de cine de cincuenta y tantos años, que habiendo ya pasado su período de juventud y esplendor, sigue siendo una persona “exitosa”, a quien le ofrecen en filmar en Tokio un comercial, mediante una propuesta monetaria imposible de rechazar. Sin embargo, detrás de esa sensación de hombre con todo en la vida, se oculta una persona perdida, que a extraviado los vínculos con sus afectos, sueños y utopías. En esa misma ciudad se encuentra Charlotte (Scarlett Johansson, un talento luminoso  y una belleza atípica para los parámetros Hollywood), con tres décadas menos que Bob, pero igualmente perdida en la vida. Su esposo (Giovanni Ribisi), es un desenfrenado fotógrafo cool, con quien puede encontrar más lazos en las fotos instantáneas que en la compañía diaria. Así, Bob y Charlotte, esos extraños perdidos, se encuentran además atrapados en una ciudad supermoderna, radiante, pop y repleta de códigos inentendibles para ellos (1).

Con su posición primordialmente sentimental, introspectiva y minimalista, Sofia (permítanme llamarla por su nombre de pila) se desembaraza fácilmente del peso paternal, más afecto a la intelectualidad y la magnificencia. La suya es una sincera mirada femenina, que alejada del feminismo busca abordar lo humano desde lo emotivo. Esa emotividad, esa búsqueda de los grandes temas personales, es felizmente endulzada con un humor cálido y sencillo, representado principalmente en la primera mitad de la película por Bill Murray. Además, Sofia marca un sello de estilo con la utilización de la música, que lejos de ser un accesorio necesario, se torna en un elemento narrativo primordial en el abordaje de climas y estados de ánimo. Aquí el pop climático comandado principalmente por Kevin Shields (ex My Bloody Valentine, un perdido del que ya sospechábamos que no volveríamos a saber nada) y con certeros aportes Air, Death in Vegas y Sebastien Tellier, entre otros, es multilingüe y universal. Sin embargo, una de las escenas a recordar es aquella en que Bob y Charlotte se sumergen en ese juego de simulación de la felicidad que es el karaoke. Allí la interpretación de Bob del clásico de Roxy Music ’More Than This’, es un acto de desgarramiento interior de quien pide por “algo más que esto”.

El inteligente planteo de Sofia Coppola, es que juntos con sus soledades, Bob y Charlotte no dejan de ser personas muy diferentes, de mundos separados generacionalmente. Así, la relación se posa en lo romántico, en la contemplación y en el convencimiento que lo suyo está signado por lo imposible. Y no importa, no hay palabras ni explicaciones, porque ellas sobran. Así, a diferencia de sus colegas generaciones norteamericanos, Sofia Coppola evidencia la influencia que ha tenido en ella el cine oriental, sobre todo las obras de Wong Kar Wai (2), con quien es imposible no buscar puntos de conexión de este film con la genial ‘Con Animo de Amar’.

 “Perdidos en Tokio” es una película sobre seres perdidos en un lugar de este mundo, pero sobre todo perdidos en la traducción de lo que el alma les dictamina. Así, luego de muchos caminos recorridos, la gran Sofia Coppola al fin encontró su voz, la de traductora de esos sentimientos universales, como la soledad, el amor, la amistad y el cariño. Al no esbozar respuestas, sino simplemente plantear las preguntas, Sofia nos deja con la grata sensación de que podemos sentirnos solos en nuestros mundos,  pero estamos ciertamente acompañados en esa soledad. Y ello no está nada mal...

(1) Como no era de extrañar, no falta quien alega que ello es una falta de respecto a la milenaria cultura oriental. Mi opinión personal es en ningún momento se plantea en el film una mirada despectiva ni mucho menos hiriente hacia la cultura oriental. Siempre se muestra la perplejidad de los personajes norteamericanos debida a la incomprensión de los códigos lingüísticos, pero se mantiene un respeto hacia las tradiciones y la cultura japonesa.
(2) Sobre Wong Kar Wai, Sofia Coppola no ha dejado de comentar cuanto adora la obra del gran cineasta de Hong Kong, llegándole a agradecer su influencia durante su discurso al recibir el premio Oscar al Mejor Guión Original.

 
Lost in Translation
 
 
EE.UU., 2003, 102 minutos.
 
     
Dirección y guión: Sofia Coppola
Producción: Sofia Coppola & Ross Katz
Dirección de fotografía: Lance Acord
Edición: Sarah Flack
Música: Kevin Shields
Intérpretes: Scarlett Johansson (Charlotte), Bill Murray (Bob Harris), Giovanni Ribisi (John) y Anna Faris (Kelly)
Distribución: UIP
Estreno en Buenos Aires: 5 de Febrero de 2004.
 
     
Publicación: Marzo 2004
 
 
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Sofia Coppola
 

Nacida en la ciudad de New York un 14 de mayo de 1971, Sofia Coppola estuvo desde muy pequeña ligada al arte cinematográfico. Con sólo 3 meses de edad, su padre Francis Ford Coppola la hizo aparecer como bebé en la primera parte de “El Padrino”. Así, ella se pasó la infancia recorriendo el mundo acompañando a su padre, quien alternaba obras maestras con fiascos comerciales que más de una vez dejaron a la familia al borde de la quiebra.

De pequeña, Sofia interpretó pequeños papeles en películas como ‘Frankenkeenie’ (1984) y ‘The Cotton Club’ bajo el glamouroso nombre de Domino. Sin embargo, su rostro se hizo conocido de recién en 1990, y de una forma no muy afortunada. Al reemplazar a Winona Ryder en el papel Mary Corleone en la tercera parte de El Padrino, se vio expuesta a las más feroces críticas, que destruyeron su actuación.

Aún no muy convencida de que el cine fuese lo suyo, Sofia buscó otras experiencias, que la llevaron a trabajar como fotógrafa y diseñadora de moda. Pero prudente en sus tiempos, Sofia retomó la actividad cinematográfica, esta vez asumiendo el legado familiar y poniéndose detrás de la cámara. Su corto ‘Lick The Star’ evidenció una sensibilidad especial y una óptica profundamente femenina, la cual fue continuada en su largometraje debut, “Las Vírgenes Suicidas”. El mismo no tuvo mayor trascendencia comercial, pero dejó clara la existencia de un mundo interior que recién comenzaba a recorrerse.

Sofia llegó al reconocimiento masivo con su segundo largometraje, “Perdidos en Tokio”, el cual le valió un premio Oscar al mejor guión original, y una nominación como mejor directora, siendo la primera mujer norteamericana en recibir esa postulación.

En 2006 realizó "Marie Antoinette", una verdadera obra maestra que sin embargo fue ningundeada por la crítica más perezosa.



 
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