Existen
cineastas que con sus obras se ganaron el derecho al Paraíso
sin necesidad alguna de probar algo más en la vida. Son cada vez menos, pero los hay. En cambio hay toda una raza, que
habita principalmente en lujosas mansiones de Hollywood,
que no hace más que sumar méritos para hacerle compañía
al Carlo en el Infierno. Joel Schumacher es el caso emblemático
del tipo que se ganó el Infierno directo, sin siquiera tener
pasar por el purgatorio, luego de haber destruído la saga
cinematográfica de Batman.
Pero así y todo, su largometraje "Phone Booth" - ó "Enlace Mortal"...¡santas batitraducciones,
Batman!-, resulta una rareza. Lejos de la estridencia visual
y del discurso grandilocuente , esta es una película
minúscula, con una trama que se explica casi completamente
en una línea: un publicidad arrogante, que se las cree saber
todas, contesta un teléfono público para encontrarse que
del otro lado de la línea hay un maniático francotirador
que lo va a matar si no confiesa en público todos sus pecados.
Para darle un poco más de interés, aparecen la esposa, la
amante y el polizonte que en mala hora le tocó encargarse
del caso. Esa simpleza termina siendo un punto a favor de
la obra, que tranquilamente podría ser propia de una película clase
B. De hecho, el guión fue escrito por Larry Cohen, cineasta
de culto del clase B, que tiene en su haber la dirección de una veintena de títulos, entre los que se incluye la saga "It's Alive!".
Pero una historia
de esas dimensiones difícilmente puede sostenerse a lo largo
de toda la extensión de un largometraje. Así, es bienvenida
la brevedad del film, tan sólo 81 minutos, que parecen
muchos más al promediarlo. Es que "Enlace
Mortal" es una película que entretiene mientras no se
la tome en demasiado en serio y sobre todo si se logra evadir su mensaje enfermizamente
moralizante. De todas formas, como ya estamos tan acostumbrados a esas
bajadas de línea del amigo Schumacher, conviene
simplemente dejar el teléfono sonando.