Los
films de Abbas Kiarostami siempre se han caracterizado
por la simplicidad de la puesta en escena. "Ten" es el caso
en que llega hasta su extremo minimalismo. Un auto como único
escenario. Diez conversaciones entre una mujer de familia y su
hijo, su hermana, una anciana religiosa, una prostituta, una novia
abandonada. Y nada más.
Kiarostami
arma el film manejando un grado de sistematización absoluta:
diez secuencias, diez conversaciones, siempre el mismo tipo de
plano, un solo escenario. Con sólo esos elementos retrata
la vida de una mujer moderna en Irán (¿acaso nos
parezca una contradicción?), y con ella la de toda la sociedad
que la circunda. Captura todo el espectro de la sociedad iraní,
con nada más simple que una mujer conversando con sus vecinos
y familiares.
Suele decirse
que Kiarostami adopta la forma de director de cine para, en verdad,
llevar a cabo el rol de documentalista. Sus films son crónicas
de la vida real. La vida misma frente a la cámara. Pero
no son documentales, aunque el ambiente sí lo es. La historia
tiene lugar en las calles de Irán. La mujer maneja el auto
por esas calles, no en decorados ni escenarios preparados. Se
tropieza con baches, con ancianas que cruzan la calle sin mirar
y la obliga a frenar, con gente que se acerca al auto, baja la
ventanilla y empiezan a conversar espontáneamente. Todo
parece tan realista como salido de la realidad misma. Sin embargo
no es un documental. Hay una historia articulada y una dirección
exhaustiva detrás de esa articulación. La extrema
naturalidad de las interpretaciones y las situaciones que se suceden
nos manipulan para hacernos parecer que no existe semejante instrumentación
previa. Parece la realidad misma, sin otro tipo de intermediación
que la cámara. Pero ya sólo eso la transforma.
Filmada
en video digital, no hay preocupaciones por el preciosismo fotográfico
y sonoro. Incluso pareciera que las fallas o faltas de tecnicidad
aportasen aún más elementos a ese ambiente realista
construido con sólo un auto y dos personajes. Y allí
una vez más la importancia que le concede Kiarostami al
automovil. No es el auto tan sólo un medio de transporte,
sino un espacio de construcción de intensas relaciones
sociales. Y a nivel narrativo, es siempre el conductor, el que
maneja la historia.
La simplicidad
(aparente) de la puesta no es sino un elemento que utiliza Abbas
Kiarostami para explorar los temas más complejos de la
vida del hombre, insertos en la naturalidad de sus actos cotidianos.
La vida y nada más.