Es
difícil enfrentarse a "Think Tank" y entender que estamos
escuchando a Blur. ¿Esto sigue siendo Blur? ¿Es
un Blur mejor o peor? Por ahora tan sólo sabemos que no se
trata del Blur de hace diez años. Damon Albarn justifica
el abrupto cambio estilístico de su banda debido al "cambio
del propio mundo". Aquel Albarn de aquel Blur de aquel "Parklife" (1994) eran tan sólo el resultado de la nueva generación
joven de principios de los 90's, nacida bajo estricta conexión
con el paisaje político del Nuevo Laborismo y la figura de Tony Blair. La política es la culpable del brit-pop
y del empobrecido destino cultural de la juventud inglesa. El Albarn
actual, en cambio, es un ser revolucionario y conciente de las problemáticas
de los países del Tercer Mundo. Nada de chombas Fred Perry
y acento cockney. Ahora canta (casualmente, en "Moroccan
People Revolutionary Bowls Club"): "Estoy acá
porque no tengo otra maldita oportunidad", y se revela contra
su pasado pop conformista con el sistema.
¿Pero por qué generará tal
análisis sociológico para explicar lo que es inherente
tan sólo a su propia persona? Quizás los nuevos rumbos
de la banda sean simplemente consecuencia de lo mucho que endulzó
a Albarn el éxito de Gorillaz: tantas ganancias en
sus bolsillos con un solo disco como las que nunca tuvo en diez
años con Blur. Decidió, por tanto, aprovechar su nueva
popularidad y extender el concepto estético de Gorillaz a
Blur, con la no muy sabia decisión de crear un espejo de
aquella banda. Así, deshace por completo lo que hacía
de su viejo grupo un proyecto interesante: nada de pop clásico
de los 60's; nada de melodías encantadoras; y, sobre todo,
nada de Graham Coxon.
"Think Tank" parece un disco de hip hop sacado
de los suburbios neoyorquinos, alejado de las verdes campiñas.
Albarn mantiene la voz con tono desganado durante todo el disco,
construyendo esa pose de "no me importa nada" típica
del rapero americano. La actitud "¡Viva la América!"
ya había empezado a vislumbrarse en sus dos discos anteriores, "Blur" (1997) y "13" (1999), pero nunca perdían
identidad propia, a pesar de las guitarras noise ("Bugman")
o los cantitos raperos ("On Your Own").
Sumado a la influencia urbana, una base electrónica
se mantiene de principio a fin. "Think Tank" parece una sola
canción, si no fuese por el salvador (aunque no precisamente
por su excelencia) "We've got a file on you" (track número
8), que cumple la misma función que "Punk" (track 7)
en el disco de Gorillaz: por su carácter eminentemente rockero
(muchos gritos y guitarras fuertes), marca un supuesto quiebre entre
una mitad del disco y la otra, como si lo siguiente fuese tan distinto
a lo anterior. Todas las canciones empiezan con la misma base. "Brothers
and Sisters" amaga con un riff inicial, y "Sweet Song" con
un piano, pero rápidamente nos desalienta la vuelta a la
misma fórmula electrónica. No quedaron rastros de
la fuerte presencia instrumental que acostumbraba Blur: no sólo
la guitarra desapareció tanto física (Graham Coxon
abandonó la banda a fines del 2002) como musicalmente (sólo
le conceden crédito en la última canción, "Battery
in Your Leg"), sino que también lo sufrieron la ausencia
la batería y particularmente el bajo, relegados a un segundo
plano respecto de la voz. Se podría pensar que la culpa de
todo la tiene Norman Cook (alias Fatboy Slim), responsable
de la producción del disco. Sin embargo no es el primer DJ
que toma las riendas de la banda. Ya William Orbit lo había
hecho en el disco predecesor, y no pareció notarse la influencia
(si no, escuchar "Trimm Trabb", "No Distance Left To Run" o "Coffee and TV"). Quizás sea la canción del
pianito, "Sweet Song", el punto más alto de un disco
de baja altura. Que casualidad que aquí a Albarn se lo encuentra
más sosegado, y la base electrónica, aunque siempre
presente, se escucha en segundo plano.
Poca culpa tiene la política en este disco.
Mucha la tienen la fama y la fortuna. Así queda entonces,
un disco de un nuevo Blur. Un Blur a-là-Gorillaz. Un Blur
sin Coxon. ¿Un Blur que no es Blur?