Pasaron
más de veinte años para obtener una pista fuera de lo colectivo, una muestra
acabada, algo que nos transporte al universo creativo y unipersonal
de Dave Gahan, uno de los cantantes emblemáticos de los dorados
años ochenta. Pero quizás él nunca estuvo pendiente del tiempo transcurrido
desde que se transformó en la cara y la voz de Depeche Mode (hoy en un stand by literal...) hasta hace un par de días atrás,
momento en el que decidió desenmascarar sus temores (o permitirnos
conocerlos) a través de "Paper Monsters", su primer álbum
solista.
Resulta
inevitable al analizar de qué tratan estos monstruos de papel recordar
el por qué de su génesis, que está ligado íntimamente a principios
de los noventas, a un cambio de clima radical en la vida de Gahan y definitivamente
al comienzo de otra etapa, ya que al abandonar el Reino Unido por
la ruidosa y caótica Los Ángeles, todo comenzó a mutar hacia
el lado de los excesos (y en ese aspecto podríamos considerar a
Los Angeles como La Meca), y vaya si sucedieron...
Los
memoriosos recordarán lo atractivamente destructivos que resultaron
para Gahan sus primeros tiempos en la ciudad, a tal punto que harían
enrojecer o parecer un niño a Scott Weiland (si bien nunca fue tan
mediático) ya que el rock and roll way of life pareció adoptar
a un auténtico discípulo, un alumno graduado con las mejores calificaciones,
que transformó en una primera instancia la relación con sus compañeros
de grupo (las sesiones de grabación de "Songs & Faith
of Devotion" en un principio constituyeron un caos alejado
de todo signo de creatividad y luego fueron encaminadas por el cerebro
creativo de Depeche Mode, Martín Gore, para finalizar el
álbum tal como hoy lo conocemos) y posteriormente su vida personal
(milagrosamente sobrevivió a una sobredosis de heroína).
De
todo y del fin; de esto habla "Paper Monters", un álbum
confesional, electrónico, optimista, pero cauto en el más puro de
los sentidos, donde parece que Gahan ha encontrado un puerto para
descansar y que se ve reflejado en temas como "Hold on", "A
Little Piece", "Stay" (inspirado en el nacimiento de su
hija), y en otros, como "Living Bottle", la prosa se mantiene
llevándonos a conocer otras aristas personales que parecen haber
quedado atrás, un blues en 4 x 4 que asoma alimentado a tracción
a sangre actuando a manera de exorcismo liberador.
Compuesto
junto a un amigo multi-instrumentista neoyorkino, Knox Chandler, y producido por Ken Thomas (quien hiciese lo mismo para Sigur Rós), parte del hilo intimista del álbum se basa en la producción,
ya que por momentos, y conductivamente, la atmósfera del álbum parecería
ser una marca registrada del productor, hecho que, acompañado por
la voz de Gahan, constituye un logrado acierto, aunque a
medida que se suceden los temas resulta inevitable advertir su pasado
con Depeche Mode y esto lo enfrentamos en temas como "I Need You",
donde las bases percusivas, hipnóticas, no hacen otra cosa que remitirnos
a el uso otrora dado por Martin Gore. Aunque esto no signifique
algo en particular, después de todo resulta inevitable (algo que
Gahan debe conocer muy bien) que vaya donde vaya represente a Depeche
Mode, máxime teniendo en cuenta lo importante de su figura como frontman de la banda.
Saludamos a la primer incursión como solista de
Dave Gahan, quien se deshizo de sus monstruos privados y se animó
a dar forma a una obra madura, que no defrauda, pero que por sobre
todo otorga un crédito que muchos ya le daban y que otros no necesitaban
que demostrase...