“Uno
está tan acostumbrado a ver a Mar del Plata en verano que al verla
tan vasta, tan fría da cierto aire de melancolía...”
Casi
por tropiezo, como generalmente sucede, infinitas razones no me
habían permitido descubrir a Mi Tortuga Montreux. A veces
me pregunto por que suceden este tipo de cosas, sin embargo cuando
los descubrimientos suceden, se hacen de una manera mucho más personales.
Un
inicio plácido, cercano a la afinación de una pequeña sección de
violines deja entrever a unos pocos acordes de piano que se diluyen
en las frías aguas, ese sentir similar al de "Mar del Plata en
Invierno", días nublados y una ráfaga de viento contra tu rostro.
El
frío, el rumor de una guitarra acústica que poco a poco se transforma
en una banda completa segura e introspectiva a la vez. La voz de Marcelo Ezquiaga deja entrever un viaje hacia la desolación
personal, donde la melancolía y el vacío existencial juegan un papel
esencial.
“Estoy
cansado de encontrarme.. siempre con el mismo..siempre con lo mismo..
siempre estoy tan lejos acá.. a su lado perdí la magia.. para nunca
encontrarla”.
"Raro",
una melodía cercana a la tranquilidad de momentos en la voz de Ezquiaga
irrumpe luego en uno de los momentos más catársicos del disco
llevado al limite por las guitarras de Hernán Pons.
“Mis pies caminan.. y yo con ellos.. hacia
algún punto.. de mi cuerpo.. me estoy volviendo paranoico.. con
tanta gente a mi alrededor”.
"Yo solo", comienza a marcar el camino hacia
la primera etapa del disco, donde se comienza a dejar de lado un
sonido más propio del rock para entrar en un túnel donde el recuerdo
y melancolía de otras formas de sentir florecen a través de nuestra
mente.
Como
perderse en el mar, dirigirse a él, sentir su frío en los pies,
movidos por el cansancio y la decepción tal vez de un inminente
final. Una melodía dulce teñida por un violín y la suavidad de una
voz que se funde en ese paisaje nublado en el que estamos. "Hora
Nueve".
"Formas de Hablar", (mi favorita),
una melodía simple, acústica acompañada de esos hermosos violines
y una letra cercana tal vez, a intentar comprender un poco la incomprensión.
La
melodía se vuelve deliciosa en "Último Diálogo con la Soledad" con el piano finamente marcando el camino acompañado por una batería
sin respiros y guitarras que se deslizan rápidamente sobre el agua.
Los
domingos siempre han significado alienación, tristeza para mí. "Domingo" se transforma en el momento donde todos dejan el escenario y
el rhodes con la voz de Marcelo Ezquiaga nos abraza llevándonos
así al sentir de los domingos.
Tan
triste.
¿A
vos te gustan los domingos?
La
tortuga se reúne, aquellos acordes que se diluyen al inicio vuelven
a renacer como una farsa final para abrirnos un lado más sinfónico
de momentos, para dejarnos escapar en el dolor final o tal vez aceptación
de las cosas, tal vez la búsqueda de algo nuevo, propio. Una guitarra
que se corre y la desolación nuevamente, sónicamente golpeándonos.
"Mar
del Plata en Invierno", un disco para contemplar el mar mientras
sabemos que en realidad contemplamos el recuerdo. O
tal vez para simplemente pararse en Avenida Independencia, una mañana
de sábado durante el invierno y preguntarnos, hacia donde caminar.