Jaime
Reynolds, cantante de Klaxons, el trío londinense del que todos hablan en
Inglaterra, declaró que su banda hacía nü
rave y encendió un debate que aún sigue vigente; desde el conocido
periodista Simon Reynolds, hasta el recomendable blog K-punk, todos han
participado del debate. Evidentemente no fue una declaración inocente, Inglaterra
nos tiene acostumbrados a artistas que saben manejar los medios a su antojo en
pos de ganar atención como Morrissey, oasis y Manic Street Preachers; lo más
probable es que el cantante de Klaxons lo haya dicho como una simplificación
atractiva para los medios (a Klaxons ya los ubicaron en
la categoría South
London
nü rave). La razón por la que este
debate ha cobrado tanta vida surge al colocar en medio del mismo al movimiento
rave, el último momento en que la juventud inglesa miro hacia el futuro con
nuevos sonidos, nuevas formas de vestirse, nuevos rituales.
Esto
demuestra un par de cosas. Una de ellas es la necesidad de la prensa de generar
un poco de interés en medio de un contexto poco estimulante. La escena indie
inglesa atraviesa un llamativo período de baja calidad y pocas ideas y parece
estar poblada sólo por figuras intercambiables que poco es lo que pueden decir,
más allá de quien los influenció. También demuestra el cambio de tendencias en
que es lo cool. La fascinación con el post punk parece decaer (fue un período
de buenos discos debuts y flojas réplicas) y la atención, ahora, se corre a
principios de la década pasada; las guitarras de Gang of Four están dando paso
a los teclados de 808 State.
…pero entonces ¿la música de Klaxons está relacionada con
la rave? Si y no. En lo formal, la respuesta es no. El trío de Londres se
encarga de hacer música dance, entendida como tal desde el indie (de hecho, una
de las canciones de este debut, “Not over
yet”, es un cover de Grace, proyecto por aquellos años de Paul Oakenfold). Los
mismos integrantes de la banda se encargaron de aclararlo: pretenden
reinterpretar la euforia de aquellos años de una forma orgánica y con la
instrumentación clásica del rock, es decir guitarra, bajo y batería y alguna
que otra sirena o sonido. Si bien pocos lo han mencionado, ni siquiera la misma
banda, Klaxons no podría existir sin New Order. Al igual que los mancunianos,
el trío se encarga de hacer bailar a los adolescentes indies con una lectura
rock del dance, pero que prescinde de la monotonía de
la guitarra. Así
como Franz Ferdinand con su “música para
que las chicas bailen” nos llevaba al CBGB en el 79, Myths of the near future, con sus inmediatos hits (“Golden skans”, “Atlantis to Interzone” y “Magcik”), nos deposita en el Heavenly Social de principio de
los 90s.
Las
letras de la banda son un punto a destacar ya que se apartan de las
tradicionales frases estilo slogan publicitario o de la enumeración de palabras
tan comunes en la música bailable. A lo largo de las diez canciones escritas
por ellos se suceden visiones místico-futuristas (“hay un centauro que poluciona mi mente”, “todos los barcos del sentido
en un hiper océano, todos los barriletes del caos”), pasajes épicos (“iluminá el puente con la linterna y nos
encontraremos en la estatua de espejos”), momentos de delirio (“en el club 18-30 encontré a Julio Cesar,
Lady Diana y madre Teresa”), referencias a un trío de autores “molestos” como JG Ballard, que con su colección de
cuentos futuristas da nombre al disco, William Burroughs y su interzona (“From Atlantis to interzone”) y Thomas
Pynchon con su monumental “Gravity’s
rainbow” y, obviamente, referencias a la rave (su último single, “Golden skans” hace referencia a una
máquina de luces usada en los años iniciales de las raves).
Pero, a
la vez, hay un punto donde la música de Klaxons se conecta con la atmósfera que
reinaba en aquellos años. La euforia, la sensación de inmediatez, desorden y,
principalmente, incertidumbre de aquellos años se deja traslucir en estas once
canciones producidas por James Ford que,
en varias ocasiones parecen estar a punto de perder el rumbo. Klaxons lejos
está de ser una banda aséptica de estudio donde se simula un caos prolijamente
guionado, por el contrario, se posiciona (sin ser Faust, claro está) como una
festejable anomalía dentro de la reinante corrección y previsibilidad
estilística de estos tiempos. El encanto de “Myths of the near future”
reside en la apropiación incorrecta de un género casi olvidado. Klaxons desorienta
con estribillos teatrales, instrumentaciones marciales, riffs saturados,
canciones cortas de estructura pop, voces estridentes e imagineria mitológica;
la aproximación frágil y caótica del indie dance, los acerca a The Libertines,
que hicieron lo mismo con el punk pop.
En
síntesis, la desordenada y por momentos confusa propuesta de Klaxons logra que
uno se quede con ganas de volver a escuchar “Myths of the near future”; y esto, en tiempos del Winamp y
atomización causada por el mp3, es digno de festejar.