Parece inevitable. A
todo artista que se aprecie de contar en una carrera con una cuota
de evolución artística, tarde o temprano le llega. Existen obras
que funcionan a manera de visagra, que tienen la capacidad de delimitar
un antes y un después. A U2 le sucedió con "Achtung Baby" (1991),
a Lou Reed con "Berlin" (1973). Sin duda para Radiohead ese punto de quiebre fueron los discos "Kid A" (2000) y "Amnesiac" (2001), gestados simultáneamente, pero separados al ver la luz.
Esas dos grandes obras de experimentación y búsqueda sonora dejaron
flotando en el aire la gran incógnita acerca del futuro, ¿ensayarían una nueva amnesia para divorciarse del pasado o
regresarían en buenos términos a aquello vivido allá lejos (pero
no tanto)?. "Hail to The Thief" es la esperada respuesta
a esa pregunta.
Nuevamente producido por el ineludible Nigel
Godrich, desde su presentación en vivo a mediados de 2002 (en
una minigira por España y Portugal) el álbum se adelantaba como un
regreso al tradicional formato canción, luego de las incursiones
mayormente climáticas de los discos anteriores. ¿Cuánto hay de cierto
en ello, al tener el disco finalmente en la mano? Algo, bastante,
pero ninguna certeza absoluta. Tal vez este sea el primer disco
donde Radiohead no avanza en la búsqueda de nuevos horizontes, sino
que realiza un trabajo de síntesis de los elementos presentes en
los cinco álbumes de estudio anteriores. "Hail to the Thief" no
es un paso adelante, pero tampoco es un paso atrás. Es más bien
un detenerse en el camino y contemplar lo vivido, para elegir aquello
que no se pude dejar atrás. El disco dista de ser un "OK Computer
2", como llegó incluso Thom Yorke a afirmar mediaticamente, sino
que es un álbum que respira del aire de las guitarras de antaño,
pero que se nutre de la experimentación electrónica realizada a
partir "Kid A".
El disco arranca con "2+2=5", en la cual nos
recuerdan que el futuro es hoy, y que desde hace tiempo nos lo venían
diciendo. Con tono lírico orwelliano, la tímida base electrónica
inicial es desplazada por el triunfal regreso del riff guitarrero,
mientras Thom posesionado nos dice que “es demasiado tarde, porque
no has prestado atención” y que “todos celebran al ladrón,
pero yo no”.
En el siguiente canción, "Sit Down, Stand Up",
la base electrónica nuevamente aparece incipiente al comienzo, pero
al final se une de igual a igual al descontrol sónico, cuando la
languidez vocal se torna en desafuero. En cambio en "Sail to the
Moon" el tono es totalmente distinto, el de balada introspectiva
cercana a "Pyramid Song" del disco anterior. En "Backdrifts",
al igual que en "The Gloaming" son los más representativos
registros de experimentación electrónica, mientras que "Go to
Sleep", las frases proféticas regresan (“algo grande está
por suceder”, “No deseamos despertar el monstruo”), y
las guitarras más cercanas a "The Bends" toman el control.
Posible nuevo single.
En cambio, en "Where I End and You Begin" las
cosas no terminan de cerrar. Por un lado el teclado llora lágrimas
virtuales, pero el bajo marca otra línea argumental. Sólo cuando
la interpretación de Thom Yorke los desplaza completamente, la canción
toma cierto vuelo. A todo esto, en "We Suck Young Blood", la
más languida de las interpretaciones se entrega, con un dramatismo
y depresivo clima más próximo al jazz que al rock.
"There There" es primer single del disco y
a la vez su primera canción en bastante tiempo con ADN de hit garantizado.
Placer adrenalínico inmediato. En "I Will", una canción que viene siendo presentada
en vivo desde hace tiempo, un aquejadumbrado padre Thom Yorke decide
que todo lo advertido al mundo es poco, por lo que escapa a un bunker
subterráneo. “I won’t let this happen to my children” canta
quien hace no mucho citaba en vivo a Manic Street Preachers con su canción "If You Tolerate This, Your Childen Will Be Next".
En "A Punchup at a Wedding", Radiohead suena
irreconocible, excesivamente dulce y sin atrevimiento. Pero ello
cambia radicalmente en "Myxomatosis", una frenética pieza de
experimentación que es en si misma un hallazgo, para volver a la
languidez y calma en "Scatterbrain", donde al pasar se Thom
dice que “entonces cualquier tonto puede fácilmente elegir un
agujero, pero yo sólo deseo poder caer adentro”. Sus clones,
no se hacen cargo.
Como ya resulta afortunadamente familiar, Radiohead
se guarda un as en la manga para el final. Así, el cierre del disco
es con la hermosa pieza "A Wolf at the Door", donde al igual
que con "Life in a Glasshouse" del disco anterior, se respira
una aproximación personal y apasionada al jazz atemporal.
Del balance final del disco, surge la conciencia
de que "Hail to the Thief" es un conjunto de canciones más
que un disco conceptual. Es una síntesis apretada pero extensa de
lo vivido, y tal vez por ello haya que reprocharle la carencia de
un sentido de unidad que en algunos tramos se torna aclimática.
Pero "Hail to the Thief" conlleva también es el buen augurio
de que quien puede ver con paz el pasado, tiene la tranquilidad
de afrontar el futuro. Sea cual sea...