El
rock, esa gigantesca dimensión que abarca tanto hasta no abarcar nada, mutó de
formas, contenidos y espíritu durante este largo andar que continúa, aunque
confuso y siempre mirando para atrás. Es que hubo un momento clave (la
explosión punk de fines de los 70s) en donde surgió un nuevo paradigma para la
cultura adolescente-juvenil, una recuperación del pathos indómito, que directa
o indirectamente afectó las subsiguientes escenas musicales.
The
Jacqueline Trash asume su pasado hardcore-punk, lo insinúa en la urgencia con la que las once
pistas de su álbum debut son entregadas. Pero, tomando sólo el carácter del
hardcore, se internan en su propio mundo de prog-rock de guitarras y
psicodelia, logrando un sonido de claras reminiscencias a distintas vertientes
del rock más intenso, pero con un sonido propio y reconocible, original y hasta
a veces épico, poderoso y sutil al mismo tiempo.
Las letras relatan alucinaciones, sueños, desvaríos,
plagados de imágenes sugerentes y casi siempre en primera persona; funcionan
como complemento a los diversos cambios de ritmos y climas que se van
entretejiendo en cada pista. Lo más destacable es el autentico trabajo en
conjunto que tiene JT: todos los integrantes del cuarteto son importantes para
lograr este sonido tan particular, desde la contundente base rítmica, pasando
por la versatilidad en el trabajo de guitarras y vocales. Sería injusto destacar
un tema en particular: todas poseen una característica que las hace especial
frente al resto; en este caso, el todo es mayor que la suma de las partes.
Dar
un par de pasos atrás, para tomar impulso y dar el salto adelante. Con un pie
puesto en las variadas expresiones setentistas y el otro en el costado post
punk - post hardcore, el cuarteto local The Jacqueline Trash entiende a la
perfección la dinámica para impulsarse a sí mismo a nuevos territorios
sonoros-sensoriales.