Has
recorrido un largo viaje Victoria. Desde los días de La Nueva
Flor, primer banda de Miguel Castro (voz, samplers y moogs) y Julián
Della Paolera (guitarra y voz), hasta este presente cuasi mainstream
ha pasado una década, cinco discos (uno de ellos es sin duda
uno de los mejores del rock argentino, "Armas") un par de
excelentes canciones (por ejemplo el soberbio “G13”),
un cambio de nombre (¿qué necesidad tenía la actriz
española de meterse en estos temas menores?). En fin, pasó
el tiempo y en ese tiempo Victoria Mil se consolidó como una
de las mejores bandas argentinas, una de las pocas que genera
expectativas con la edición de cada disco. Si esto sucedió
fue, no sólo por la calidad artística de la banda sino,
porque se han mantenido firmes en su postura y han evitado los
lugares comunes.
Es
evidente que la banda se encuentra en su etapa mainstream: tocan en
cuanto mega festival hay, telonean a los cada vez más masivos
Babasónicos, modelan para una casa de ropa en Palermo Soho,
editan con PopArt, su nuevo video está en alta rotación
en MTV y en las radios, graban en los estudios ultra mainstream de
Fito Páez (seguramente nunca ha salido de semejante factoría
de éxitos algo medianamente equiparable; se aceptan
apuestas). O sea, Victoria Mil se encuentra a un mundo de distancia
de los shows en tugurios de San Telmo o los días del hit
underground con el estribillo más delirante “hagamos
una cita y yo llevo la cabeza puesta”.
¿Y
esto es malo? En absoluto. Han ingresado a un nivel de difusión
reservado para las bandas mainstream pero, a diferencia de otros
(complete usted, estimado lector), el haber llegado a este nuevo estadío
no ha significado en absoluto que su discurso y su música se
deterioren. Es cierto, no han repetido el nivel de "Armas", pero
bueno, eso era difícil. Igualmente ahora tienen la posibilidad
de llegar a un mayor público y han mantenido su grado 0 de
expresión, su amor por el post punk, el krautrock, el dub, el
delirio; en fin, han llegado a este estado incipiente y embrionario
de popularidad sin resignar las cosas que los hacían
encantadores. A diferencia de sus amigos de zona sur, uno los escucha
ahora y no añora volver diez años atrás sino más
bien percibe una trayectoria digna de orgullo.
Claro,
tampoco están en los niveles de popularidad de Turf o Jóvenes
Pordioseros. ¿Importa eso? No, tampoco. La industria
discográfica les está dando una chance y ahora depende
cada uno aceptarlos o no. Lo bueno de esta situación es que
por primera vez en años uno puede escuchar en las redes de la
industria discográfica a un artista que moviliza (las citas de
VM son una oportunidad para cualquier iniciado en la melomanía
de descubrir a PIL, Wire, Gang of Four, Lee Perry, escritores
anarquistas, etc)... seguramente más de uno escribirá
pensando que esto es tan delirante como el estribillo antes
mencionado; puede ser. Pero, en todo caso es tan delirante como decir
que Divididos es una aplanadora o cualquier otro lugar común
del periodismo de rock argentino.
Como
dijimos, "Estoy bien bien bien", no es "Armas", pero esto
no va en desmedro del valor de esta obra. Lo que hace VM en este
disco es lo de siempre voces dificultosas, de cadencias aletargadas,
con ese grado 0 de expresión que tratan sobre drogas, amores,
desamores y música, texturas construidas a base de moogs, con
bases graves y guitarras chirriantes usadas como en, por ejemplo,
Gang of Four, de forma no fálica. Pero, ahora, han decantado
la fórmula y su música ha adquirido una impronta más
accesible; las brumosas atmósferas han desaparecido, ahora es
el turno de un luminoso brillo. VM se ha adentrado en las aguas del
pop, pero claro está, pop a su manera. Y en esto mucho tiene
que ver el reingreso de Leonardo Santos en el puesto de baterista
(actualmente cumplía esa tarea en la banda de Melero); las
canciones ganan en consistencia y solidez. Como es habitual los de
Adrogué cuentan con el incondicional apoyo de la gente de
siempre: Babasónicos, Emisor, Los Látigos.
"Estoy
bien bien bien" contiene, como es habitual en la banda, un par de
hits potenciales que se nos pegan en la primer escucha. “Bien
equivocado”, primer corte del disco, tiene pasta de hit en
cada uno de sus segundos; como en otros temas, VM demuestra que se
puede evitar la guitarra para crear en el rock.“El rock vive
de mí” es el segundo hit en potencia; si bien se les ha
criticado la pose irónica, creo que esta canción es
todo lo contrario: muestra como seguir haciendo algo que gusta sin
que sea necesario un éxito comercial; en tiempos de Operación
triunfo, VM le canta al sentimiento antes que al cálculo.
Tercer canción, tercer hit... “Por tus ojos”,
la mejor canción del disco, es una joyita, una especie de
mantra, uno de esos que no nos deja hacer otra cosa que mover el pie.
En cada una de estas tres canciones sobrevuela el aroma de Wire de
mitad de los ochentas, cuando se acercaron, en cierta forma, al pop más
digerible.
En
el final del disco hay dos hits más, uno muy bueno y el otro
más flojo pero efectivo: “Me despierto feliz”
(el que cumple) y “Ying yang” (el que esta
buenísimo); el primero es un tema simple, escrito más
bien en piloto automático pero que no deja de ser, como toda
buena canción pop, imposible de olvidar...a pesar de lo naif
de la letra: “me despierto feliz y pienso en vos”; el cierre, por su parte nos recuerda que sólo
VM puede hacer esta clase de canciones. Combinación justa de
bases contagiosas, moogs burbujeantes, guitarras medidamente
descontroladas y frases geniales: “nunca lo vas a entender
si sos un droguidancer”.
El
resto del disco es lo que hace que no estemos ante un nuevo "Armas": el nivel alcanzado en las canciones mencionadas no se repite y la
sensación que queda es la de irregularidad. "Estoy
bien bien bien" se revela como una colección de canciones
más que como un disco homogéneo, compacto. Claro, más
de una banda envidiaría temas de relleno tan buenos. “Mi
mentira”, “Se fue”, “Me miraste fijo”
y “Dulce hastío” son ejercicios de
composición en piloto automático, con la fórmula
Victoria que igualmente siempre es efectivas y resiste varias
escuchas.
Como
reza el estribillo del primer single (“estoy bien bien
equivocado”), Victoria Mil está bien... precisamente
por estar bien equivocados. Al no caer en los lugares comunes del
rock argento, al estar tan alejados de la demagogia y de la
sensiblería, al practicar géneros tan poco transitados,
la posición de VM puede ser percibida como equivocada.
Quizás
sea esto lo que los haga tan interesantes.