Digámoslo de entrada y sin pudor alguno: el querido John
Waters es un mal cineasta. Pero con igual contundencia, dejémoslo en claro:
a la vez, es uno de los artistas más lúcidos de la sociedad norteamericana
contemporánea. Es decir, limitarse a abordar a John Waters como un cineasta es
un camino sin salida feliz posible: sus películas están repletas de torpezas
cinematográficas, su ritmo siempre parece ser el inadecuado, la precariedad de
su puesta es escena sólo es superada por la incompetencia en cada rubro
técnico. Simplemente su talento pasa por otro lado. Lo que lo hace
verdaderamente único, es su innata capacidad como narrador y ácido crítico en
el marco de un mundo que se desangra ante la desaparición casi total de
verdaderos provocadores.
"This Filthy World" de Jeff Garlin es un stand-up autobiográfico de John Waters, con las limitaciones que
exige el género. Es decir, la "película" es simplemente una cámara
que filma a un tipo contando chistes en un escenario durante casi hora y media.
Lo que a priori podría resultar una barrera infranqueable por su pobreza,
termina siendo la fórmula perfecta para permitir al personaje desatarse.
Despojado de la necesidad de crear una forma cinematográfica para contener a
sus ideas, Waters encuentra el timing justo para cada dardo. Inmiscuyéndose en
la basura de sus compatriotas, el rey trash pasa revista a su carrera, para en
realidad hablar de un mundo que durante décadas se fue hundiendo más y más en
los convencionalismos y los deplorables conceptos de buen gusto.
Gracias John, te necesitábamos.