Habitualmente el segundo disco es más complicado que el
debut, pero la situación es peor aún cuando éste ha sido rodeado de un hype desmedido. Con el apoyo de la blogosfera y varios e-zines, el debut del
quinteto autogestionado de Brooklyn, alcanzó un nivel impensado de atención en
un plazo extremadamente corto; de todos modos, más allá de la prensa excesiva,
fue una de las grandes sorpresas del 2005, a fuerza de melodías luminosas y los fantasmas de David Byrne.
En esta segunda entrega mantienen su
independencia de grandes sellos y, bajo la producción de Dave Fridmann, editan
un disco desparejo, de guitarras saturadas y de clima más ominoso que el
primero. En esencia estamos ante las mismas canciones del disco debut, pero
ahora parecen haber sido saboteadas por la banda en un intento fallido por no
repetirse. Se acabó el hype ¿seguirán todos aplaudiendo y diciendo si?
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